Hace unas semanas, Donald Trump anunció que permitiría que los trofeos de cazadores de elefantes, por lo menos de Zimbabue, entraran a Estados Unidos. Fue un duro golpe para los defensores de los derechos de animales, pues además de ser un retroceso en leyes y medidas que se han tomado desde hace décadas, es una burla a todos porque los que pueden presumir trofeos de este tipo siempre son personas poderosas.  

Después de una ardua campaña virtual, las cosas cambiaron y el presidente de Estados Unidos anunció que se revisarían los procesos dada la complejidad del asunto, pero, ¿es realmente complejo eso? No. Es muy fácil entender la gravedad de permitir que gente rica dispare contra animales que viven en áreas protegidas, lo complejo es entender todo lo que sucede en África para que eso continúe sucediendo.  

La inestabilidad social y política del continente hace que el flujo de turismo fluctúe con el paso del tiempo. ¿Cuál es la consecuencia? Cuando la situación económica de estos países mejora surgen agencias de conservación y equipos de protección para los animales, pero cuando el turismo cae, muchos africanos se quedan sin empleo. Cuando esto sucede, la población no piensa en la salvaguardia de los animales y el medio ambiente como una prioridad, sino en qué comerán ese día.  

Eso hace que lo primero en ser abandonado sean los animales y al mismo tiempo la gente aproveche los beneficios económicos de la ilegalidad haciendo crecer el número de cazadores furtivos. Un ejemplo es lo que sucedió cuando Tanzania cerró su frontera con Kenia entre 1977 y 1983. El turismo en esa zona era cercano a 70 mil personas al año y bajó a 10 mil. La pérdida económica hizo que los programas de protección desaparecieran y poco a poco rinocerontes y elefantes prácticamente desaparecieran de la región.  

Hoy muchos temen visitar África por la violencia, el terrorismo y las enfermedades, pero hay agencias que se han dedicado a abogar por los grandes animales que pueden desaparecer si no se actúa pronto y una de las mejores formas de hacerlo puede ser a través del turismo, pero sustentable.

Estos son algunos sitios que ayudan a salvar animales a través del turismo.    

Uganda

Un tour en Uganda es uno de los primeros que permite a no científicos visitar e hábitat natural de los gorilas. En grupos de máximo cuatro al día y sólo por una hora, la gente puede adentrarse en alguno de los 11 clanes de gorilas en los bosques de Uganda. Aunque suene a muy poco tiempo, los viajes constan de caminatas de cuatro días por toda la región y los gorilas son una de las muchas actividades.   

Namibia

Un tour que además de proteger a los animales que visitas –panteras, delfines, antílopes y más- te lleva a conocer zonas de una belleza natural única. Comienza con una visita a pueblos autóctonos en los que se puede conocer de forma respetuosa sus costumbres y estilo de vida, después todo se enfoca en la flora y fauna africana antes de salir en avistamientos de los grandes gatos de la sabana.   

Hazlo tú mismo

Muchos grupos de safaris comprometidos con la naturaleza te invitan a buscar tus propias aventuras y ellos se encargan de la logística, transporte, comida, liderar la expedición y cualquier eventualidad. Claro, no es un servicio barato, pero te permite viajar dejando la menor huella de carbono que de otra manera podría incrementarse por mucho.  

El turismo sustentable nos obliga a cambiar ciertas comodidades por mejorar al planeta. África es el continente más afectado de la historia y aunque lucha por seguir llamando al turismo, la situación política no ayuda. Ante todo está la seguridad, pero depende de los viajeros promover y apoyar las causas locales y naturales antes de que sea demasiado tarde.