En muchas ocasiones, se vincula la aceptación con la resignación. Con “tener” que estar de acuerdo con personas o situaciones porque creemos que no existen otras posibilidades. Esto hace que nos perdamos en esa -realidad- distorsionada, tomando acciones no elegidas o incluso quedándonos en la inacción.

Sin embargo, la aceptación tiene más que ver con tomar un rol activo y protagonista, posibilitando una forma de vida más consciente. Cultivar una forma de vida basada en la aceptación, nos invita a estar presentes y conectados con la experiencia directa más que con las ideas, pensamientos y/o expectativas que podamos tener sobre las situaciones y/o los vínculos teniendo en cuenta que, muchas veces, cuando éstas no se cumplen, nos generan frustración y sufrimiento.

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Estar presentes permite que desarrollemos la apertura y la curiosidad de conectar con lo que el momento y las experiencias traen más que con lo que imaginamos o quisiéramos que pase o -hubiera pasado-. De alguna manera, se trata de una suerte de entrega hacia el momento, de soltar el control y dejar de resistirnos para hacer lugar y dar espacio a lo que es. Y, a partir de esta actitud, lograr pararnos desde un lugar que nos permita observar lo que sí es posible para tomar acción de una manera genuina y elegida por nosotros mismos, de forma tal que sea provechosa para nuestra vida.

Algunas herramientas para iniciar el camino de la práctica de la aceptación consciente:

  • Adoptar una actitud curiosa:

Darnos la posibilidad de mantenernos con apertura y flexibles a lo que se presenta, adoptando una mente de principiante, dónde lo que prevalece es la curiosidad frente a lo que acontece.

Trabajar en autoconocimiento favorece mucho a la hora de entrenar esta capacidad ya que permite que conozcamos y estemos en contacto con nuestros propios recursos y con todo lo que somos capaces de hacer y la actitud que podemos tomar ante la situación que se presenta, en lugar de percibir el mundo de una manera hostil y amenazante.

Tener presente que todas las personas atravesamos por situaciones difíciles también es fundamental para comprender que el dolor es inevitable e inherente al ser humano y que la diferencia estará en la actitud que adoptemos y los recursos con los que contemos para transitarlo.

  • Hacernos preguntas, tomar responsabilidad y elegir:

Ante lo fáctico: lo que es y/o ante una situación que no elegimos o hubiéramos preferido que no suceda o suceda de forma diferente, hacer una pausa y preguntarnos: ¿Cuál es el relato que estoy contando(me) alrededor del hecho? ¿En qué lugar me estoy poniendo? ¿Cómo voy a elegir pensar a partir de esto? ¿Qué voy a elegir hacer?

De esta forma, nos hacemos protagonistas y conectamos con acciones conscientes, es decir, elegidas por nosotros mismos. En lugar de “acomodarnos” a una situación, tomamos un rol participativo en el que decidimos qué lugar queremos ocupar y cómo queremos y estamos dispuestos a transitar la experiencia. Y esto es justamente crear mayor consciencia: estar atentos a que siempre tenemos la posibilidad de elegir, aunque sólo sea nuestra actitud frente a lo que se presenta.

Además de hacernos preguntas, meditar es una herramienta que nos permite salir de la mente que relata, cultivando la capacidad de observación y aportando claridad a la hora de registrar los pensamientos y de tomar decisiones conscientes.

  • Aprender:

En lugar de aferrarnos a creencias, ideales y/o “verdades” no cuestionadas, cultivar la práctica de la aceptación nos invita a ampliar la lente a través de la cual estamos observando el mundo a partir de las siguientes preguntas: ¿Qué me está mostrando esta situación? ¿Qué puedo aprender de esto que se presenta?

Compartir experiencias y abrirse a escuchar a otros puede ser muy enriquecedor a la hora de sabernos más humanos, ablandar la propia exigencia y ampliar la perspectiva de cómo estamos observando una situación en particular.

Una vez que conectamos con el aprendizaje, es importante honrarlo y celebrarlo ya que cada vez que experimentamos algo nuevo, estamos sumando recursos que nos habilitarán a volcarnos a situaciones futuras con mayor apertura. En lugar de pararnos desde un lugar de recriminación y/o inacción, nos expandimos a través del aprendizaje que permite transformarnos y evolucionar como seres humanos.

  • Conectar con la acción consciente:

Al capitalizar las experiencias que vivimos como aprendizajes, logramos acortar el tiempo en el que antes nos quedábamos apegados, sumergiéndonos en una suerte de resignación y pasividad, para poner el foco en cómo sí queremos sentirnos y en lo que sí podemos hacer a partir de ahora para crear bienestar. Ampliamos nuestro abanico de posibilidades y, a su vez, tomamos decisiones genuinas y elegidas que tienen un impacto favorable en nuestra vida emocional.

Al final, aceptar es dar lugar a la incertidumbre de no saber cómo hubiera sido; como será y/o cómo nos gustaría que sea, para conectar con el momento presente, con lo que es, abriéndonos a la posibilidad de ser flexibles, no sólo para adaptarnos a lo que la vida nos ofrece sino también, para elegir cómo queremos transitar nuestro paso en este plano.

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¿Habías considerado los beneficios que trae consigo la práctica de la aceptación consciente?