Al pensar en platillos saludables y deliciosos, es posible que a más de una persona se le vengan a la mente imágenes de algún filete de salmón o unas cuantas piezas de sushi. Pero lo saludable de un alimento no solo tiene que ver con su contenido nutricional; las condiciones en las que se produce también tienen importancia y, si prestamos atención a ellas, encontraremos que muchas de ellas no son las más adecuadas. 

Éste es el caso de la industria salmonera de Chile, la segunda a nivel mundial, cuyo auge ha llegado de la mano de años de prácticas no sostenibles.

Las granjas de salmón, instaladas en los mares de ese país, albergan en balsas-jaulas a miles de peces en cautiverio; incluso una cantidad mayor a la que las aguas pueden soportar. Los salmones, apretujados entre ellos, son alimentados con píldoras que contienen harina de pescado, colorantes, pesticidas, antibióticos y químicos usados para aumentar la producción.

Además, los químicos y las heces de los animales se depositan en el fondo marino, generando falta de oxígeno y creando zonas muertas en las que la vida marina no puede prosperar.

Eso ya está ocurriendo y nada menos que en las profundidades de los mares de la Patagonia sur de Chile, uno de los últimos rincones prístinos del planeta. De acuerdo con una auditoría realizada por el gobierno chileno, más de la mitad de las granjas que operan allí han generado falta de oxígeno.

Esta situación es muy preocupante porque las aguas vírgenes de esa zona albergan muchas especies protegidas como el pingüino de Magallanes, la tortuga laúd, el delfín austral y el delfín chileno, entre otras. La situación actual puede agravarse porque se prevé que a las más de 100 granjas de salmón instaladas en la Patagonia sur, se sumen otras 345 que ya están buscando permiso para operar.

¡Tú puedes contribuir a que se haga algo al respecto! Apoya la petición ciudadana lanzada en internet por la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) y Real Chile para pedirle a las autoridades chilenas que investiguen los daños de la salmonicultura en la Patagonia y que tomen las medidas necesarias para sancionar a las empresas identidicadas como las responsables.

En mayo de 2016, en Chile, una marea roja —fenómeno natural caracterizado por el incremento excesivo de microalgas tóxicas— dejó varadas ballenas, calamares, sardinas y salmones. Greenpeace y la Fundación Crea, entre otras organizaciones, basándose en información científica, atribuyeron el hecho a las malas prácticas de las empresas salmoneras, aunque éstas negaron esa responsabilidad.

Ese mismo año, en Estados Unidos se consumieron 144.000 toneladas de salmón de granja chileno, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de esa nación. Y, si tenemos en cuenta además que en países de América Latina como México y Colombia, la mayor parte del salmón que se consume proviene también de Chile, es muy probable que ese filete que tienes en frente contenga químicos en exceso y haya sido fruto de un proceso que dejó aguas sin oxígeno para animales y plantas.

Pero las buenas noticias para quienes eligen comer pescados como el salmón es que es posible contribuir a la producción sostenible de ese alimento. ¿Cómo? ¡Escogiendo salmón silvestre, no cultivado!

Nota por Víctor Quintanilla
AIDA