El caracol con “ojos de colores” que no es magia responde a un fenómeno viral que muestra a un pequeño molusco con tentáculos brillantes y psicodélicos, pero detrás de esa imagen impactante hay una historia real de parasitismo y manipulación biológica que ocurre en la naturaleza.
Qué le pasa realmente al caracol cuando se ven sus tentáculos de colores
Aunque parece una escena de fantasía, lo que ocurre es un caso documentado de control parasitario. El responsable es Leucochloridium paradoxum, un gusano plano (trematodo) que invade al caracol y altera su comportamiento para completar su ciclo de vida.
Cuando el caracol ingiere huevos del parásito —generalmente presentes en excrementos de aves— las larvas se desarrollan en su interior. Con el tiempo, forman estructuras alargadas y pulsantes que se introducen en los tentáculos oculares del animal. Estas estructuras adquieren colores llamativos y patrones que imitan larvas de insectos.
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El efecto visual es impactante: los tentáculos parecen moverse y brillar, lo que atrae la atención de aves. El caracol, además, deja de esconderse y se expone más a la luz, aumentando las probabilidades de ser devorado.
Cómo funciona el ciclo del parásito “zombie”
El objetivo del gusano es claro: necesita llegar al sistema digestivo de un ave para reproducirse. Cuando el pájaro pica los tentáculos coloridos, ingiere parte del parásito. Luego, los huevos son expulsados en las heces del ave, reiniciando el ciclo.
Curiosamente, el caracol no siempre muere en el primer ataque. Puede sobrevivir a la pérdida de un tentáculo y el parásito puede volver a desarrollarse en su cuerpo.
La expresión suele exagerarse. No se trata de que el gusano devore literalmente el cerebro del molusco, sino que altera su sistema nervioso y su conducta. Este fenómeno es conocido como manipulación parasitaria, un mecanismo que también se observa en otras especies.