La costa de Chubut atraviesa una temporada preocupante para la ballena franca austral. En menos de 48 horas aparecieron muertas cinco ballenas en distintos puntos de Puerto Madryn, en un contexto de mortandad inusual que comenzó meses atrás y que ahora también afecta a ejemplares juveniles y adultos. Los especialistas investigan las causas y advierten que, si la tendencia continúa, la cantidad de crías fallecidas podría superar el récord histórico registrado en 2012, cuando se documentaron 113 ballenatos muertos.

La temporada 2026 ya es considerada atípica por los equipos científicos y las autoridades provinciales. Desde junio se registran muertes de crías en Península Valdés y el Golfo Nuevo, pero durante los últimos días el panorama cambió con la aparición de animales de mayor edad. Esta diferencia es clave para la investigación, porque los primeros resultados apuntan a que podrían estar ocurriendo dos fenómenos distintos.


Dos hipótesis para explicar las muertes

En el caso de los ballenatos, los análisis preliminares detectaron la presencia de Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria asociada a la erisipela y capaz de provocar cuadros graves de infección generalizada, como la septicemia. Sin embargo, los investigadores advierten que encontrar el microorganismo no alcanza para confirmar que sea el responsable de las muertes.

La bacteria puede estar presente sin provocar necesariamente un episodio de mortalidad de esta magnitud. Por eso, los científicos buscan determinar qué factores pudieron favorecer su aparición o aumentar la vulnerabilidad de las crías.

La hipótesis para los ejemplares juveniles y adultos es diferente. En estos casos, los especialistas analizan la posible incidencia de la marea roja, un fenómeno provocado por la proliferación de microalgas que pueden producir toxinas perjudiciales para la fauna marina.

En octubre, las ballenas comienzan a alimentarse dentro del Golfo Nuevo antes de emprender su migración hacia las áreas de alimentación del Atlántico Sur. Al filtrar grandes volúmenes de agua para capturar pequeños organismos, pueden ingerir microalgas y, si están presentes, sus toxinas.

Por el momento, esta explicación sigue bajo investigación. Los equipos científicos realizan necropsias y toman muestras de los animales encontrados muertos para buscar evidencias que permitan establecer las causas.

Instituto de Conservación de Ballenas

Antecedentes que preocupan a los científicos

La posible relación con la marea roja tiene antecedentes en la región. En 2022, entre septiembre y octubre, se registraron 30 ballenas francas australes muertas en el Golfo Nuevo, la mayoría adultas. Los análisis detectaron biotoxinas paralizantes en distintas muestras de los animales, en coincidencia con una floración algal nociva y niveles elevados de toxicidad en el plancton y los moluscos.

En 2024 también se produjo otro episodio importante, con 71 ballenas muertas, entre ellas 18 adultas y 53 crías, asociado a la intoxicación por biotoxinas marinas.

Estos antecedentes permiten orientar los estudios actuales, pero no demuestran que la mortandad de 2026 tenga el mismo origen. Los investigadores también analizan si las condiciones ambientales y oceanográficas pudieron influir en el fenómeno. Entre los factores que consideran se encuentra El Niño, aunque todavía no hay pruebas suficientes para establecer una relación directa.


Un récord que todavía debe confirmarse

La magnitud de la mortandad de crías es uno de los principales motivos de preocupación. En 2012 se registraron 113 ballenatos muertos, la cifra más alta documentada hasta entonces para esta población. Los datos preliminares de la temporada actual indican que podría superarse ese registro, aunque el balance definitivo todavía está abierto.

El censo aéreo realizado el 6 de septiembre por el Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (Cesimar-Conicet) contabilizó 1.375 ballenas francas australes, incluidas 409 crías. Los especialistas advierten que estos números no son directamente comparables con los de otros años sin considerar las diferencias en los métodos y las fechas de observación.

Además, la temporada reproductiva se extiende hasta noviembre y los resultados de laboratorio pueden demorar hasta un mes y medio. Algunos cuerpos, por su avanzado estado de descomposición, tampoco permiten obtener muestras útiles para todos los análisis.

El monitoreo está coordinado por distintos organismos, entre ellos la Red de Fauna Costera, el Plan de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, la Secretaría de Ambiente y el Ministerio de Turismo de Chubut, con participación de los municipios de Puerto Madryn y Puerto Pirámides. También se prevé incorporar muestreos de agua y moluscos en los golfos Nuevo y San José para investigar la posible presencia de toxinas.

Instituto de Conservación de Ballenas

Proteger a las ballenas y su hábitat

La ballena franca austral es una especie emblemática de la Patagonia y una pieza fundamental de los ecosistemas marinos de la región. Cada año, entre junio y diciembre, llega a las aguas protegidas de Península Valdés para reproducirse, parir y criar a sus ballenatos. Las hembras tienen una cría aproximadamente cada tres años, después de una gestación cercana a los 12 meses, por lo que la supervivencia de los ejemplares jóvenes es especialmente importante para la recuperación de la población.

La especie fue declarada Monumento Natural Nacional en 1984 y su presencia también sostiene una actividad turística central para Chubut. Por eso, una mortandad extraordinaria tiene consecuencias que van más allá de la pérdida de ejemplares individuales: afecta a la conservación de la fauna marina y genera preocupación en las comunidades vinculadas al avistaje de ballenas.

Mientras avanzan los estudios, las autoridades solicitan no acercarse ni tocar a los animales varados, estén vivos o muertos, y mantener a las mascotas alejadas. Los operativos de retiro de los cuerpos responden a protocolos sanitarios y de prevención.

Por ahora, las causas de esta temporada atípica siguen sin una explicación definitiva. Determinar si las muertes responden a infecciones bacterianas, toxinas marinas o una combinación de factores ambientales será fundamental para comprender qué está ocurriendo en las costas de Chubut y mejorar el seguimiento sanitario de una de las especies más representativas del Atlántico Sur.