En Colombia se encuentran dos de los veinte ríos más contaminantes del mundo: el río Magdalena y el río Amazonas.

El primero ocupa el 24% del territorio del país y el segundo, el más largo y caudaloso, viniendo de Perú bordea la sureña ciudad de Leticia.

Ambos caudales aportarán, de no actuarse inmediatamente, a que en 2050 haya 12 millones de toneladas de residuos plásticos afectando los océanos de todo el planeta.

"Al sistema hidrológico del Magdalena se conectan los ríos que riegan Bogotá y Medellín, las dos ciudades del país con mayor concentración de producción y consumo de plástico. Estos residuos acaban en Barranquilla y, luego, en el mar Caribe”, explica a DW Kevin De Cuba, jefe de equipo del programa de Plásticos Circulares en las Américas (CPAP), financiado por la Unión Europea (UE).

En el área metropolitana de Medellín, de las 100.000 toneladas de residuos que se generan mensualmente, el 34% son plásticos.

En la de Bogotá, de las 6.868 toneladas diarias de residuos, el 17% son plásticos.

"La situación de ambos ríos es muy preocupante. Y hay que intervenir. No solo en la protección del medio ambiente y la naturaleza, sino para minimizar los impactos en la salud de los ciudadanos”, subraya De Cuba.


Prevención versus reacción


¿Se trata de limpiar las corrientes de residuos plásticos antes de que lleguen a los océanos? No solamente.

"Los programas para que las poblaciones recojan plásticos en las playas, o las barreras y mallas en los ríos y las costas para recoger residuos, son importantes y de aplaudir. Crean conciencia en los ciudadanos y su consumo. Hay ya varias iniciativas”, responde De Cuba.

Efectivamente, las iniciativas internacionales no faltan: Oceancleanup y EUBeachCleanUp, como ejemplo.

Las iniciativas nacionales se enfocan más en los municipios y las regiones que atraviesa el Magdalena y van desde mallas contenedoras hasta dragado del río para retirar los residuos que se han sedimentado.

Son varias las universidades colombianas involucradas en esos proyectos.

Leé también: Después del plebiscito: ¿qué pasa con la agenda ecológica de Chile?

No obstante, "nosotros trabajamos aguas arriba: no tapamos los síntomas, acometemos la sintomática real”, resalta De Cuba.

Pero, ¿cómo acometer el problema si, por ejemplo, cada ciudadano en Bogotá genera 0,85 kilos de residuos sólidos diarios?

La clave está en compartir la visión de la "economía circular”.

"Se trata de que los envases que requieren actualmente los humanos, puedan ser de materiales reciclables, que no generen impacto en la salud. Y que puedan ser utilizados más veces y por más tiempo para evitar mayor extracción de recursos naturales”, explica el especialista del CPAP.

De Colombia para toda América Latina

Con este concepto, los especialistas del CPAP, de ambos lados del mar, que por ahora están activos en Colombia, Brasil, Chile y Canadá, avizoran una extensión del programa para toda América Latina.

Por lo pronto, antes de que se lancen los proyectos piloto a comienzos del 2022 -y en base al diálogo entre empresarios, instituciones y organizaciones de la sociedad civil- ha nacido el sello Loop: un sello que se dará a productos que prueben que su embalaje va a ser reciclado.

O, en su defecto, que el producto proviene de materia completamente reciclable e inocua para la salud y el medioambiente, como la biomasa residual de la agricultura.

¿Esta situación es culpa de América Latina o de los países industrializados que han producido la mayor cantidad de esos residuos plásticos que acaban en los mares? "No quiero hablar de culpas”, responde De Cuba.

"Hace 40 años, el plástico nos fue presentado como la solución más eficiente y versátil, como un elemento importante para el desarrollo. No obstante, venimos constatando desde hace diez años que tiene un efecto no deseado para la salud y el medioambiente. Es un tema global”, agrega.

Te puede interesar: Conociendo a dos pequeños rálidos de Chile a través de un proyecto de ciencia ciudadana

Con los proyectos en Colombia y también en Brasil esperando el pitido de salida, De Cuba ve con esperanza que los resultados de estos proyectos piloto den frutos hasta 2024.

En esa medida su financiación será ampliada -desde Chile, Colombia y Brasil- a otros países de América Latina.

En cualquier caso, hay empresas alemanas, danesas y polacas interesadas en la cooperación contra la polución plástica desde América Latina hacia los océanos del mundo.

Fuente: DW