En los bosques que rodean el Jardín Botánico Haravéri, en San Sebastián del Oeste, Jalisco, hay rincones donde las hormigas muertas se acumulan de forma extraña. Están aferradas con las mandíbulas a la corteza de un árbol, a una ramita o a la base de una roca, y de su cuerpo brota un filamento oscuro. No murieron ahí por azar. Un hongo las llevó hasta ese punto.
Ese escenario es el centro de un estudio de micólogos de la Universidad de Guadalajara, publicado en la revista científica Persoonia, que describe seis especies nuevas del complejo Ophiocordyceps unilateralis, el grupo conocido como “hongos zombi” de las hormigas. Es el primer registro de este complejo en México. Hasta ahora no había ninguno documentado en el país.
Cómo funciona la manipulación
El mecanismo de estos hongos se conoce desde hace años gracias a estudios en otras regiones del mundo. Las esporas atraviesan la cutícula de la hormiga. Ya dentro, el hongo adopta una forma parecida a una levadura y libera metabolitos entre las fibras musculares del insecto. Esas sustancias desencadenan una secuencia de conductas muy específica. La hormiga se aleja de su colonia, se desplaza hasta un sitio con la luz y la humedad que el hongo necesita, muerde el sustrato y muere sujeta a él.
Desde ese momento, el cuerpo de la hormiga cumple varias funciones a la vez. Es refugio, fuente de nutrientes y plataforma de dispersión. Del espacio entre la cabeza y el tórax crece un estroma, una estructura alargada desde la que el hongo libera sus esporas. Las hormigas que se aventuran en esos sitios pueden infectarse al pasar. Los biólogos llaman a este fenómeno fenotipo extendido, porque los genes del hongo terminan expresándose en la conducta de otro organismo.
Los lugares donde se concentran los cadáveres se conocen en la literatura científica como cementerios.
Lo que se observó en Jalisco
El equipo, encabezado por el micólogo César Ballesteros Aguirre, hizo muestreos periódicos tanto en temporada seca como de lluvias. Recorrieron tres tipos de vegetación dentro de la zona de amortiguamiento de la Reserva de la Biosfera Sierra de Vallejo-Río Ameca: bosque mesófilo de montaña, bosque de galería y selva subcaducifolia. Revisaron hojas, tallos, ramas, troncos, raíces expuestas y la base de las rocas, desde el suelo hasta tres metros de altura. En total estudiaron 37 cementerios.
Para separar las especies combinaron la forma de las estructuras del hongo bajo el microscopio, el análisis de cuatro regiones de su ADN y datos ecológicos, como qué hormiga infecta cada hongo y dónde la hace morir.
Ese último punto resultó revelador, porque cada especie tiene su propio lugar de muerte. La mayoría de las especies mexicanas lleva a las hormigas a morder corteza. Tres de ellas, O. camponoti-striati, O. haraveriensis y O. jaliscana, también las conducen a ramitas. O. deltoroi y O. haraveriensis las hacen morir en la base de las rocas, y O. pseudocamponoti-atricipis solo se encontró sobre hojas.
La altura también varía. Las hormigas infectadas por O. cephalotiphila mueren casi a ras del suelo, a pocos centímetros, y suelen aparecer muy juntas. Las de O. camponoti-striati, en cambio, quedan sobre arbustos y enredaderas, entre medio metro y casi dos metros de altura.
Un hongo para Guillermo del Toro
Una de las seis especies se llama Ophiocordyceps deltoroi, en honor al cineasta nacido en Jalisco y egresado de la Universidad de Guadalajara. Ballesteros la describió como una especie monstruosa y bella a la vez. Es la que formó los brotes más grandes, en el bosque mesófilo de montaña. Infecta a dos hormigas del género Camponotus y las hace morir en la base de árboles y arbustos, en raíces expuestas y bajo las rocas.
Los nombres del resto también cuentan una historia. O. haraveriensis y O. jaliscana homenajean al jardín botánico y al estado donde se encontraron, mientras que tres especies llevan el nombre de las hormigas que parasitan.
Lo que falta por descubrir
Los hongos zombi ganaron fama con The Last of Us, inspirada en O. unilateralis, pero la ficción exagera la amenaza. Los investigadores aclararon que estos hongos no representan un riesgo para las personas, ya que su ciclo de vida se limita a los insectos. En los bosques cumplen una función ecológica concreta, porque ayudan a regular las poblaciones de hormigas.
En el mundo se habían descrito 41 especies del complejo, en bosques templados y tropicales de América, Australia y Asia. Trabajos previos en Brasil ya habían mostrado que detrás del nombre O. unilateralis se escondía una diversidad mucho mayor, y algunos especialistas estiman que podrían existir cientos de especies, dada la variedad de hormigas hospederas. Ballesteros adelantó que el equipo ya trabaja en documentar especies cercanas al Área Metropolitana de Guadalajara y otros hongos que parasitan mariposas y avispas.
En un solo rincón de Jalisco y en apenas un año de muestreo aparecieron seis hongos nuevos y varias hormigas que la ciencia todavía no había nombrado. Cuántos cementerios más esperan en los bosques del país, a pocos centímetros del suelo, es algo que nadie sabe todavía.