El mundo está a punto de cruzar uno de los límites climáticos más importantes de las últimas décadas. Según el nuevo informe sobre la brecha de emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), publicado el 21 de octubre, ya no es posible evitar que el calentamiento global supere los 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales en los próximos años.
La advertencia llega pocas semanas antes de la COP31, la próxima conferencia internacional sobre cambio climático, que se celebrará en Turquía. El documento marca un cambio de enfoque. En lugar de concentrar todos los esfuerzos en evitar que se supere ese umbral, ahora el desafío es limitar cuánto aumentará la temperatura por encima de él, durante cuánto tiempo permanecerá allí y cómo lograr que vuelva a bajar.
La conclusión no significa que la crisis climática sea irreversible ni que ya no haya nada por hacer. Pero sí refleja cuánto se ha retrasado la acción internacional para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
¿Qué significa superar los 1,5 °C?
El límite de 1,5 °C se convirtió en uno de los objetivos centrales del Acuerdo de París de 2015. En ese pacto, los países acordaron mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de los 2 °C y realizar esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C respecto de la era preindustrial.
La diferencia entre esos valores puede parecer pequeña, pero cada fracción de grado adicional incrementa los riesgos para los ecosistemas y las sociedades. El calentamiento intensifica las olas de calor, agrava determinados fenómenos extremos y aumenta la presión sobre los sistemas naturales de los que depende la vida.
El informe del PNUMA advierte que superar los 1,5 °C eleva los riesgos de cambios potencialmente irreversibles en sistemas como las capas de hielo, el permafrost que es el suelo que permanece congelado durante largos períodos, la circulación oceánica y los arrecifes de coral.
Además, los impactos no se distribuyen de manera uniforme. Las comunidades más expuestas a sequías, inundaciones, temperaturas extremas y pérdida de recursos suelen tener menos herramientas para adaptarse y recuperarse.
Por eso, evitar cada fracción adicional de calentamiento sigue siendo fundamental, incluso si ya no se puede impedir que el planeta supere temporalmente el umbral.
¿Cuánto podría aumentar la temperatura?
El informe presenta distintos escenarios según las medidas que adopten los gobiernos. En el escenario más optimista analizado, el calentamiento alcanzaría un máximo de entre 1,7 °C y 1,8 °C hacia mediados de siglo y luego podría volver a 1,5 °C o menos para 2100.
Para que eso ocurra, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deberían reducirse un 18% para 2030, un 45% para 2035 y un 69% para 2040, en comparación con los niveles de 2025.
El camino exige una transformación profunda de los sistemas energéticos. Triplicar la capacidad de generación eléctrica renovable para 2035 y reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles, incluido el abandono del carbón para 2040.
También sería necesario ampliar considerablemente las tecnologías capaces de retirar dióxido de carbono de la atmósfera. Sin embargo, estas soluciones todavía enfrentan desafíos técnicos y no se ha demostrado que puedan desplegarse a la escala que exigiría este escenario.
La distancia entre esa meta y los compromisos actuales es considerable. Según el informe, las promesas de reducción de emisiones de los países sólo permitirían recortes del 5% al 8% para 2030 y del 11% al 15% para 2035, respecto de 2025.
Si los gobiernos mantienen sus políticas actuales, el calentamiento podría alcanzar aproximadamente los 2,8 °C. Incluso si cumplieran sus compromisos climáticos, llegaría a unos 2,6 °C.
Cada décima de grado importa
Las consecuencias de superar los 1,5 °C no dependen únicamente de la temperatura máxima que alcance el planeta, sino también del tiempo que permanezca por encima de ese nivel.
Cuanto más elevado sea el pico de calentamiento y más prolongado el período de exceso, mayores serán los riesgos de daños ambientales y sociales. Algunos cambios podrían ser difíciles o imposibles de revertir en escalas de tiempo humanas.
Por eso, el PNUMA propone una trayectoria de “sobrepaso, pico y descenso”: reducir las emisiones con suficiente rapidez para limitar el aumento de la temperatura y, después, hacer que vuelva a bajar mediante recortes sostenidos y la eliminación de dióxido de carbono de la atmósfera.
La estrategia es exigente y depende de decisiones que todavía no están garantizadas. Cada año de demora hace más difícil alcanzar ese objetivo.
Aunque el escenario es preocupante, superar los 1,5 °C no significa que todos los esfuerzos climáticos hayan fracasado. La diferencia entre un calentamiento de 1,7 °C, 2 °C o 2,8 °C puede traducirse en impactos muy distintos sobre la naturaleza, la salud, la economía y la vida cotidiana.
La transición hacia energías renovables, las políticas de eficiencia energética y la reducción de las emisiones pueden contribuir a disminuir los riesgos. El desafío es llevar esas medidas a una escala mucho mayor y hacerlo con rapidez.
La COP31 será una nueva oportunidad para que los gobiernos revisen sus compromisos y presenten acciones concretas, más allá de los anuncios a largo plazo.
La advertencia de Naciones Unidas explica que el margen para evitar el primer exceso del límite de 1,5 °C prácticamente se cerró, pero todavía hay decisiones capaces de cambiar lo que viene después. Cuanto antes se reduzcan las emisiones, menor será el calentamiento máximo y mayores las posibilidades de limitar los daños.