Un sistema frontal cargado por lo que distintas fuentes meteorológicas describen como un río atmosférico de categoría 5 avanza sobre el centro y norte de Chile, y ya dejó las primeras inundaciones en el sur. En Santiago se esperan hasta 150 mm de lluvia, en Coquimbo los acumulados podrían superar los 300 mm hacia el domingo, y en la cordillera de las regiones de Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O'Higgins, Maule y Ñuble se proyectan hasta 3 metros de nieve. A eso se suman ráfagas cercanas a los 100 km/h en la costa y la posibilidad de tormentas eléctricas y granizo entre el viernes y el domingo.
Qué es exactamente un río atmosférico
El nombre suena metafórico, pero describe algo bastante literal: una columna de vapor de agua de varios miles de kilómetros de largo y apenas unos cientos de ancho que viaja por la atmósfera, generalmente empujada por la corriente en chorro. En cualquier momento existen entre tres y cinco de estos sistemas en cada hemisferio, y aunque ocupan menos del 10% de la circunferencia terrestre en cualquier corte de latitud, transportan más del 90% de todo el vapor de agua que se mueve desde el ecuador hacia zonas templadas. Al chocar contra una barrera geográfica, como la cordillera de los Andes, ese vapor se condensa y cae en forma de lluvia o nieve intensa.
El término conviene distinguirlo de otro que probablemente resulte familiar: los "ríos voladores" que riegan la Amazonía. Ese es un ciclo terrestre, sostenido por la evapotranspiración de la propia selva, que la deforestación puede debilitar con el tiempo. El río atmosférico que hoy cruza Chile es otra cosa: nace sobre aguas tropicales del Pacífico, no depende de ningún bosque para regenerarse, y su combustible es simplemente el océano cálido. Comparten nombre y comparten la física básica de vapor concentrado en tránsito, pero uno es un mecanismo biológico y el otro puramente oceánico.
Por qué llegó a la categoría más alta
La escala que clasifica estos eventos fue desarrollada en 2019 por el investigador F. Martin Ralph y su equipo en el Centro para los Extremos del Agua y el Clima del Oeste (CW3E), de la Universidad de California en San Diego. Va del 1 (débil, mayormente benéfico) al 5 (excepcional, mayormente peligroso), y a diferencia de la escala de huracanes, no solo mide cuánta agua transporta el sistema sino cuánto tiempo permanece sobre el mismo territorio: un evento que persiste más de 48 horas sube de categoría, sin importar el volumen que mueva por hora.
En este caso, la duración proyectada de hasta 72 horas sobre la zona central es justamente lo que llevó al sistema al techo de la escala. René Garreaud, director del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), ha comparado públicamente el caudal que mueven estos ríos con el de cursos como el Baker o el propio Amazonas. Raúl Valenzuela, también del CR2, agregó un matiz relevante para este episodio puntual: se trata de un río atmosférico frío, lo que reduce, aunque no elimina, el riesgo de crecidas repentinas frente a uno cálido de la misma categoría.
Lo que no siempre se cuenta
Una categoría 5 no equivale automáticamente a catástrofe, y tampoco es una mala noticia sin matices. En la costa oeste de Estados Unidos, estos sistemas aportan entre el 30% y el 50% de las precipitaciones anuales y son responsables de buena parte de la nieve que después alimenta ríos y embalses. En Chile, el mismo evento que hoy tiene a varias regiones bajo alerta y suspendió clases dejará varios metros de nieve en la cordillera, un aporte que no es menor para un país que arrastra más de una década de escasez hídrica. La herramienta Google Flood Hub, por su parte, proyectó que el río Choapa, en Coquimbo, podría alcanzar su caudal más alto desde 1997, lo que da una dimensión concreta al riesgo en esa cuenca puntual.
El antecedente más cercano son las inundaciones de 2023, que dejaron aisladas a más de 40.000 personas en el centro-sur del país, y los cortes de electricidad prolongados que afectaron a cientos de miles de clientes en la región metropolitana durante una tormenta de 2024. Que un evento de esta magnitud se repita cada dos o tres años, y que además alcance el techo de una escala internacional, tiene una explicación física relativamente simple: el aire más cálido retiene alrededor de un 7% más de vapor de agua por cada grado que sube la temperatura, así que no hace falta que existan más ríos atmosféricos para que los que ya existen lleguen más cargados. Ese es el dato que probablemente siga apareciendo temporada tras temporada, mucho después de que esta lluvia en particular termine de caer.