Aunque se trate de una función física natural e inevitable, y que no inhabilita a la mujer, siempre y cuando no se sienta mal y mientras que cuente con los recursos sanitarios adecuados, la menstruación es todavía un tabú en algunas culturas.

En la nuestra, es tal vez todavía un tema incómodo para algunas personas o en determinados contextos; y algunas mujeres mayores recuerdan que, en su infancia y juventud, se les impedía hacer algunas cosas durante el período, como batir mayonesa o bañarse.

En esa prohibición había una mezcla de mitos (como el de la mayonesa, que supuestamente se cortaba cuando la hacía una mujer que estaba menstruando) y de costumbres que se habían transmitido sin cuestionarse por varias generaciones, como la prohibición de tomar un baño, que se sostuvo desde la época en la que el agua de la bañera era compartida por familias o pueblos enteros.
 
En algunas partes del mundo, por ejemplo en Nepal, la menstruación es vista como un estigma que les impide a las mujeres vivir normalmente su rutina durante esos días: se la considera "impura", y no puede realizar actividades cotidianas como comer con su familia, cocinar o tocar el agua.

Algunas de ellas quedan sin acceso al agua por ese motivo y están expuestas a infecciones; y algunas incluso tienen que vivir en establos durante ese tiempo porque no se les permite estar en la casa.

Un grupo de chicas nepalíes decidió retratar la discriminación que sienten durante su período. Para hacerlo, tomaron fotografías de situaciones de las que no pueden participar, objetos que no pueden tocar, o personas que para ellas son representativas de ese momento del mes.

Manisha, de 14 años, eligió tomar una foto del arroyo del que cada día recoge agua. Todos los días se acerca a él para encontrar el agua que necesita para beber, cocinar o asearse, pero durante su menstruación esto es diferente: "El agua es muy importante para el cuerpo, para la vida y para la higiene. Si tenemos la regla y alguien está cogiendo agua, no podemos tocarla. Tenemos que esperar haciendo cola hasta que todo el mundo haya acabado. Cuando volvemos a casa ya está oscuro y a veces es difícil acabar los deberes sin luz."

Bandana Khadka, de 15 años, eligió retratar a su madre y a su hermanita comiendo, una escena cotidiana de la que no puede participar durante su período. "Éstas son mi madre y mi hermana. Mi madre le da de comer a mi hermana con mucho cariño. A mí también me quiere mucho, pero cuando tengo la regla me separan y tengo que comer apartada. Si nadie me toca, siento que nadie me quiere. Necesitamos cariño y apoyo durante el periodo pero, cuando me separan y me tratan como si no pudieran tocarme, no siento cariño por parte de mis padres, solo percibo odio. Me pone triste".

Sushma, de 15 años, eligió hacer una fotografía de un espejo y un peine. Su familia le permite utilizarlos durante cualquier día del mes, pero sus amigas no tienen la misma suerte. "En esta foto hay un espejo y un peine. En nuestra sociedad, una vez que las niñas tienen la regla, no pueden mirarse en el espejo ni peinarse. Creo que no está bien. Mi familia no sigue esa tradición, pero tengo amigas cuyas familias son muy estrictas y se los impiden".

Ella no está contenta con estas tradiciones y lo hace saber: "Si mis amigas pudieran vivir en un entorno sin limitaciones relacionadas con la menstruación y recibieran más apoyo por parte de sus familias, podrían ser más libres y explorar más oportunidades". 

Manisha también tomo una foto de la comida que no puede cocinar: "Es una foto de mi cocina. Mi madre acaba de cocinar sel-roti. Me encanta, pero cuando tengo la regla no puedo entrar en la cocina. Tampoco puedo tocar nada relacionado con la cocina: ni los materiales, ni la comida ni los utensilios. Tampoco puedo comer sel-roti. El resto de los días, cuando no tengo el periodo, trabajo y como en la misma cocina, por lo que me entristece comer separada. Siento que soy una marginada, como una desconocida que no forma parte de la familia".

Bisheshta tiene 15 años y su fotografía muestra el lugar al que tuvo que ir a lavarse la primera vez que tuvo su menstruación. Además, durante 7 días cada mes, no se le permite estar en su casa, así que tiene que quedarse en otro lado.

"Éste es el sitio en el que me lavé durante mi primera menstruación. Tuve que quedarme en otra casa porque en esos días no podemos quedarnos en la nuestra. Estaba a 15 minutos de mi casa. Las adolescentes están más seguras con sus padres, independientemente del momento del ciclo menstrual. Pero al seguir las tradiciones culturales, tenemos que quedarnos en casas ajenas siete días cada mes, donde no estamos tan seguras".

Otra de las fotografías tomadas por Manisha fue la de uno de los rituales más importantes de su comunidad. Se realiza para recordar a un familiar fallecido y es muy significativo para ella, que ayuda cuando puede; pero no durante su período. 

"En nuestra sociedad, los rituales culturales y las costumbres son muy importantes. Hice esta foto cuando mi padre y mis tíos realizaban el Masik, un ritual que se lleva a cabo todos los meses para recordar a un familiar fallecido. Si una mujer tiene la regla durante el transcurso de estos rituales no puede entrar, ni tocar los materiales que se utilizan ni ayudar. En el colegio se nos enseña que es un proceso natural, pero me pregunto por qué sólo las mujeres tienen que avergonzarse o soportar una carga por los cambios naturales que experimentan. Los chicos también experimentan cambios, ¿no?". 

La última fotografía de Sushma es un pedido: retrató al director de su colegio, a quien le pide que haga las reformas necesarias para que las chicas no tengan que perder días de clase cada mes. 

"Este hombre es el director del colegio. Quiero hablar con él sobre las situaciones a las que nos enfrentamos las chicas cuando tenemos la regla por culpa de la falta de servicios de nuestro colegio. Tenemos muchos problemas porque en el colegio no nos proporcionan compresas. No hay un sitio en el que podamos cambiarnos de compresa y quemarlas después de utilizarlas. Tampoco hay agua potable. Nos vemos obligadas a perdernos 3 ó 4 días de clase cada mes y la gestión apropiada de estos servicios cambiaría las cosas".