Los altos niveles de inactividad física en adultos mayores representan un desafío para el envejecimiento activo. En el Reino Unido, por ejemplo, se estima que menos del 50% de los adultos mayores cumplen con los niveles recomendados de actividad física de al menos 150 minutos de actividad de intensidad moderada por semana.

Los resultados de una investigación publicada recientemente pusieron de manifiesto que tener un perro puede ser clave para revertir esta tendencia nociva.

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A través de distintos estudios realizados anteriormente, se ha sugerido que los perros pueden ayudar a fomentar la actividad física en adultos mayores y que además, esta puede mejorar la resistencia a las condiciones ambientales deficientes.

Un reciente estudio investigó más a fondo el papel de esta capacidad de los perros y del caminar como un medio para apoyar el mantenimiento de la actividad física en adultos mayores durante los períodos de clima inclemente.

¿Cómo lo hicieron?

El análisis utilizó datos relacionados a la salud de Norfolk (Reino Unido). La actividad física diaria y los minutos de comportamiento sedentario se midieron utilizando acelerómetros durante siete días.

Tres tipos de condiciones ambientales, la duración del día, la precipitación y la temperatura máxima se combinaron con la actividad física diaria.

La investigación estuvo liderada por la Dra. Yu-Tzu Wu de University of East Anglia (Reino Unido) y fue publicadaen la revista especializada Journal of Epidemiology & Community Health.

Resultados

Entre los 3123 participantes, el 18% informó tener un perro en sus hogares y dos tercios de los amos paseaba a su mascota al menos una vez al día.

Los paseadores de perros regulares eran más activos y menos sedentarios en los días con las peores condiciones climáticas, en comparación con aquellos que no tenían mascotas. Esta diferencia se manifestó incluso en los días de mejor clima.

Más precisamente, en los días de mayor inclemencias climáticas, los que paseaban a sus perros tenían niveles de actividad un 20% más altos que los no los tenían. En total, el sedentarismo se reducía para los amos en 30 minutos por día. ​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​

Conclusión

Así, la investigación llegó a la conclusión de que aquellos que pasearon perros fueron consistentemente más físicamente activos que aquellos que no lo hicieron, sin importar las condiciones ambientales.

Estas grandes diferencias sugieren que caminar con perros puede ser un componente de las intervenciones para apoyar la actividad física en adultos mayores.

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Fuente:

Journal of Epidemiology & Community Health