El auge de las redes sociales han transformado la forma en la que nos relacionamos con los demás, y si bien tienen mucho potencial para mejorar nuestras vidas, su uso excesivo puede tener efectos negativos sobre nuestras vidas, que serían impensables hace 20 años. La adicción a los likes es real, y algunos científicos quieren encontrar la solución.

A pesar de que las redes sociales nos conectan y nos mantienen en contacto con nuestros seres queridos, esa dependencia puede resultar una carga. Estar "desconectado" de las redes sociales parece impensable hoy en día, pero un grupo de científicos estudió a 50 personas que no forman parte de ninguna red social, con la intención de aprender de qué manera son diferentes a los que hacen uso frecuente de ellas.

Los directores del estudio, Rowland Atkinson, de la Universidad de Sheffield y Mariann Hardey, de la Universidad de Durham aseguran que ninguno de los participantes usó en ningún momento las redes sociales durante el estudio.

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Lo que se buscaba con este experimento era aprender la razón principal por la que estas personas decidieron estar "desconectados" y ver qué pueden aprender de ellos las personas "conectadas", o las que desean una vida sin un uso tan frecuente de redes sociales.

Según los participantes, lo que han logrado sin las redes sociales es “aprender a vivir”. Pero ¿qué conclusiones lograron sacar los investigadores? Estas fueron las 3 más importantes

Uno de los problemas de las redes sociales es que no comunica de manera real y humana. “Nuestros pacientes compartieron una profunda creencia y apego que los ayudó a mantener una sensación de vínculo humano y conexión”, argumentaron los investigadores.

Las reflexiones de la mayoría de los participantes es que en lugar de tener cientos de amigos, preferirían ver a pocas personas cara a cara para lograr un verdadero apego. Es a partir de este momento cuando se llegan a dar cuenta de lo agotador que puede llegar a ser la vida en las redes sociales.

Muchos de los que se desconectan viven una vitalidad recién descubierta, pueden conectarse con el mundo aquí y ahora”, explican los autores del trabajo. “Nuestro grupo desconectado nos dijo que deberíamos ser más críticos con nuestro uso de aplicaciones y comenzar a dejar el teléfono celular”. Si la atención plena es un estado de concentración en el presente entonces, ¿para qué sirve una pantalla?

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La conexión constante, paradójicamente, resulta en menos tiempo libre que podemos dedicarle a los que verdaderamente enriquecen nuestras vidas, y los períodos en los que somos capaces de pensar sin interrupción dan un valioso refugio a las demandas de la vida cotidiana.

Los que deciden desconectarse no se apagaron para ser alejarse de la sociedad. Lo hicieron para hacerse cargo de cuándo y dónde se conectan con las personas. Es lo opuesto al aislamiento social y al ponerlo en práctica descubrieron nuevas formas de ser felices y vivir el presente.

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