Para comprender que implica realmente el llamado “aislamiento social” es necesario, en primer lugar, entender el concepto de "equidad", porque una cosa es un aislamiento social con equidad y otra situación completamente diferente es cuando este concepto no se presenta.

En Argentina, comenzamos a vivir un aislamiento obligatorio. En el resto del mundo, en cambio, ya estaba sucediendo hace uno poco más. En Perú, me cuenta mi amigo Diego, que existe un toque queda con el fin de fortalecer las medidas contra el COVID-19. En Chile, la sociedad entera espera una fuerte recesión económica. En Uruguay, ya se registran más de 150 casos y en paralelo se comienza a enunciar un nuevo plan económico.

En Bolivia, la semana pasada el gobierno declaró emergencia nacional y de esta forma se dispuso la emergencia sanitaria acompañada de la cuarentena. México aún se encuentran atravesando la fase 1, en la que la mayoría de los casos son contagios “importados”, es decir, se originaron por personas que viajaron a países afectados como Italia, España y Estados Unidos.

Para destacar, está el caso de Panamá. Este país respondió con rapidez a la epidemia, destinando sus recursos económicos, logrando secuenciar el genoma del virus y de esta forma diagnosticar rápidamente todos los casos que aparecen nuevos en el país, ha reforzado su sistema de salud y ha tomado medidas para aislar a los ciudadanos.

Los responsables de las agencias de la ONU en el país creen que hay lecciones que se pueden exportar a otros países de América Latina. Y así, en toda la región se puede ver casi a modo espejo las medidas que toman los diferentes gobiernos.

¿Qué pasa con el aislamiento de las personas que ya están aisladas?

La desigualdad es regresiva para todas las dimensiones de una sociedad. América Latina es la región de todo el planeta Tierra con mayores niveles de desigualdad: comparativamente, siguen siendo peor que África, que Asia que todos los otros continentes. En esta región están 10 de los 15 países más desiguales del mundo. El trabajo informal, la pobreza extrema, la desnutrición, la precarización, entre otros son los síntomas que día a día agravan y exponen una realidad que muy pocos eligen ver.

Para elegir uno de los títulos nombrados anteriormente, podemos hablar del trabajo informal y cómo este síntoma aisla y puede generar algún problema mayor. Si tomamos el caso de Argentina, el 49,3% de los trabajadores tienen un empleo informal. Habiendo dicho esto, la ecuación, sería muy fácil de entender: en un aislamiento total la mayoría de las personas no puede generar su famosa “changa” y, por ende, no puede comprar su alimento básico para satisfacer sus necesidades y la de su familia. Esta situación no solo se presenta en Argentina, sino que la afrontan muchas personas en toda la región latinoamericana y, en el escenario actual, esta situación se agrava.

La desigualdad ya desbordó las peores previsiones y será peor aún si no se generan políticas que impliquen contenciones reales. Entendiendo este contexto, es necesario que los gobiernos de todo el mundo tomen medidas urgentes para construir una economía más humana, que valore lo que realmente importa para la sociedad, en vez de alimentar una carrera sin fin por el beneficio económico y la acumulación de riqueza.