En un mundo donde los avances tecnológicos han transformado el calzado en una maravilla de ingeniería, hay quienes han decidido seguir un camino menos transitado: caminar descalzos. Uno de estos valientes individuos es Robin Greenfield, un estadounidense que ha estado llevando una vida descalza durante más de una década.

La historia de Greenfield es una odisea en la búsqueda de lo natural. Hace doce años, decidió liberar sus pies de las ataduras de los zapatos y desde entonces, no ha mirado atrás. Su aventura comenzó en 2008 cuando vio a uno de sus profesores caminar descalzo durante un viaje. La visión le dejó una profunda impresión, y tres años después, en 2011, decidió que era hora de seguir su ejemplo.

Aunque puede parecer una elección inusual, para Greenfield caminar descalzo es su forma de conectarse con la naturaleza. Se describe a sí mismo como un activista ambiental y siente que caminar descalzo es una manifestación de su compromiso con la tierra.

Supermercados, calles de la ciudad, parques, playas: no hay lugar que Greenfield no haya explorado descalzo. La gente que lo ve caminando descalzo a menudo se sorprende y hace comentarios, pero a él no le importa. Para Greenfield, caminar descalzo es un recordatorio constante de la humildad.

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Superar los comentarios y prejuicios de los demás no fue fácil para Greenfield. En sus primeros años como caminante descalzo, enfrentó muchas miradas despectivas y críticas. Una vez, mientras caminaba descalzo por una zona residencial de California, se sintió intimidado por las miradas de los vecinos.

A pesar de los obstáculos, Greenfield ha aprendido a utilizar su elección de caminar descalzo como una oportunidad para desafiar las normas establecidas y fomentar la reflexión en los demás. Ha fundado una iniciativa llamada Barefoot School, donde comparte sus experiencias y motiva a otros a seguir su ejemplo.

Caminar descalzo durante más de una década ha tenido sus desafíos. Greenfield ha sufrido heridas y dolores en sus pies, pero nada de eso lo ha desanimado. Su familia también lo respalda en su elección y comparte su espíritu poco convencional. "Somos una familia de raros, así que tuve mucho apoyo", afirma.

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En un mundo donde el calzado es cada vez más avanzado, la historia de Robin Greenfield es un recordatorio de que a veces, volver a lo básico y abrazar la sencillez puede ser una elección poderosa.

Fuente: La Vanguardia.