La mundialmente conocida Isla de Pascua, ubicada en el océano Pacífico y perteneciente a Chile, está a punto de perder su valiosa herencia cultural, y la causa no es otra que el cambio climático.

La isla de Pascua es extremadamente vulnerable al incremento del nivel del mar, un problema con el que los habitantes han lidiado por siglos, pero el cambio climático empeora la situación y ahora el Patrimonio Cultural de la Humanidad que esta isla alberga, las estatuas moái (esculturas de piedra que representan cabezas humanas), podría estar en peligro de extinción.

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El crecimiento de las olas ha desplazado las plataformas conocidas como ahus, que ofrecen soporte para los moái y a la vez son parte de la tradición funeraria de los habitantes: son tumbas colectivas donde entierran a sus antepasados. En algunas regiones de la isla, los huesos de los ancestros flotan sobre el agua, y algunos moáis han sido apartados de su espacio original.

La antigua civilización que alguna vez habitó la isla de Pascua desapareció hace siglos, pero la herencia que dejaron está casi intacta y es única en el mundo, rodeada todavía de muchos misterios. Sin embargo, las Naciones Unidas han lanzado una advertencia acerca del peligro que corren las estatuas, pues las poderosas olas están erosionando las costas de la isla.

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En su punto más largo, la isla mide 24 kilómetros y a lo largo de su superficie se erigen los moáis sobre sus plataformas. Para las estatuas la situación es preocupante, pues algunos climatólogos prevén que el nivel del mar podría aumentar unos 1,5 metros para el año 2100. Tanto residentes como científicos temen que las tormentas y las olas se vuelvan una amenaza mayor.

Camilo Rapu, indígena de la isla, dijo: “Te sientes impotente con todo esto, que no puedes proteger los huesos de tus ancestros”. Algunas de las plataformas y estatuas tienen más de 1000 años de antigüedad.

La isla de Pascua no es la única isla del Pacifico que sufre el ascenso del nivel del mar. Actualmente hasta ocho islas han desaparecido del mapa: se las “tragó” el océano.

Frente a esta amenaza, el turismo, la principal fuente de ingresos, puede verse severamente afectado. En el 2017 más de 100.000 turistas visitaron la isla, dejando más de 70 millones de dólares.

No está claro cómo lo isleños resolverán el problema del nivel del mar. Una posibilidad es mover los ahus y lo moáis a un lugar donde estén protegidos de las olas, pero esto implicaría alejar a estos artefactos tan importantes de su contexto original y de su historia. Solo el tiempo dirá cómo terminará todo esto, pero es una alarma más para pensar que el momento para actuar para frenar el cambio climático es ahora.