Es una típica tarde otoñal, con una sensación térmica que nos sorprende para la época. Calor, humedad y algunos insectos me acompañan mientras miro casi sin darme cuenta los camalotes que navegan sobre el río Carapachay.

Me encuentro en el Delta del Tigre, sobre un muelle de tablas ya carcomidas por el paso del tiempo y las crecidas del río, que seguramente colaboraron en su deterioro.

Este delta es un corredor biológico de gran importancia, integrado por más de 350 ríos y arroyos, que serpentean entre una cantidad de islas que se fueron formando durante miles de años como consecuencia de la acumulación de sedimentos arrastrados por la corriente de los ríos, principalmente el Paraná y otros más pequeños con los cuales divide su caudal de agua.

La heterogeneidad del paisaje convierte estos humedales en ambientes con elevada biodiversidad y permite que muchas especies vegetales y animales de ambientes subtropicales se distribuyan y adapten a regiones más australes.

basuraleza

Mientras dejo que el tiempo transcurra sin medirlo, miro el agua, que se desliza y me atrae con un poder casi hipnótico. Los camalotes, las ramas y una que otra burbuja me muestran que, por debajo del color marrón terroso de su tez, hay una flora y una fauna acuática que pugnan por seguir existiendo a pesar de la presencia y el descuido humano.

Como si el río leyera mi pensamiento y quisiera ilustrar mi reflexión, observo con tristeza, entre los camalotes, una botella de plástico y un poco más atrás, una lata semiabierta de la cual asoma un pedazo de bolsa rosada, que parece burlarse mostrándome esa lengua tan particular.

¿Sabrá, quien arrojó al río esos elementos, que se necesitarán décadas para que se degraden? ¿Habrá pensado en el daño que se hace a sí mismo, a sus descendientes, a la naturaleza y al futuro?

Reciclar botellas plásticas

Existen gran cantidad de opiniones de prestigiosos ambientalistas, científicos, técnicos, estudiosos, periodistas especializados, asociaciones y personas sensibles que alertan sobre la urgencia de dejar de ser destructivos con el medio ambiente.

Robert Kaufmann, director del programa de energía y medio ambiente de la Universidad de Boston, declaró a la BBC Mundo: “la pandemia nos está mostrando formas alternativas de hacer las cosas. ¿A cuál de ellas nos vamos a adaptar en un mundo pospandemia? Cuando la crisis climática llegue será más severa... y no la vas a solucionar de la noche a la mañana con una maravillosa vacuna".

Según Inger Andersen, directora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la actividad humana ha alterado casi un 75% de la superficie terrestre y va sitiando la vida silvestre en un rincón cada vez más pequeño del planeta. La naturaleza proporciona nuestro oxígeno, regula nuestros patrones climáticos, poliniza nuestros cultivos, produce nuestros alimentos, piensos y fibras, pero está bajo un estrés creciente.

La pandemia debe hacernos reflexionar que la salud del planeta y la de los seres humanos están totalmente interrelacionadas y ambas deben prosperar en forma conjunta. La información está, lo que falta es poner en funcionamiento el saber con el hacer.