En el eneatipo Uno, la energía esencial surge como la fuerza que lo inspira y alienta a trabajar por valores elevados, incluso a costa de sacrificios personales. Es un impulso que lo guía constantemente hacia la superación personal, como un imperativo a fin de mejorar la realidad y contribuir a crear un orden mayor. Sus principios e ideales dan sentido y valor a su vida, para sobreponerse a la adversidad.

El Dos siente una tendencia empática natural que lo acompaña y lo conecta con los demás. En su vida de relación, vive el amor, la amistad, la intimidad, la comunicación como las dimensiones más importantes de su existencia. De este modo, su capacidad de entrega le permite intuir las necesidades del prójimo y actuar en consecuencia.

El Tres siente una fuerza dinámica que lo impulsa y apoya constantemente. Ese alto nivel de energía que lo anima, es el motor que lo lleva a proponerse objetivos y cumplirlos de manera efectiva y competente. La intensidad con que trabaja, motiva, apasiona y capacita también, a otras personas.

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El Cuatro, siente intensamente una energía que lo eleva y le permite desplegar su gran riqueza emotiva. La profunda necesidad de intimidad, su especial sensibilidad y su sostenida mirada contemplativa, le dan acceso a explorar las vivencias interiores y a cultivar la espiritualidad.

Para el Cinco, se abre la posibilidad de explorar, de descubrir cómo funciona todo con claridad, profundizando, estudiando detenidamente. Desde la seguridad de su mente intenta entender cómo funciona el mundo, porque siente una fuerte necesidad de examinar por sí mismo la verdad de todas las suposiciones.

Para el Seis, la roca que lo sostiene, es una fuerza externa donde afirmarse y confiar. Esto se debe a que este eneatipo, más que cualquier otro, depende de estructuras, aliados, creencias y apoyos exteriores para orientarse, en un eterno esfuerzo por encontrar terreno seguro donde afirmarse.

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El Siete busca la fuente de gozo, de alegría y disfrute que lo ayuda a vivir con optimismo, que le da felicidad. Dado que la dinámica que guía sus días implica una marcada tendencia a no profundizar en el interior de su naturaleza esencial, él ocupa su mente con proyectos e ideas positivas para el futuro, con animada resolución.

En el Ocho surge una fuerza que lo guía fundamentalmente hacia la lucha en pos de la justicia. Se destaca por ser honrado, carismático, líder natural con una presencia sólida, imponente, protectora. La autenticidad de sus convicciones le permite comunicar su visión e implicar a los demás en sus causas.

En el Nueve habita una energía que lo calma, que serena su espíritu. Trabaja por mantener su paz mental y por establecer la armonía en su mundo. Su fina intuición, su capacidad de escucha, su modo de acoger al otro sin ser crítico ni formular juicios, le permiten ser el conciliador natural en situaciones de tensión en diferentes ámbitos.

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Reconocer y conectar con esa energía, nos permite lucir nuestras mejores cualidades, al tiempo que nos da la posibilidad de compartirlas con quienes nos acompañan en nuestro camino.