Vamos a comentar la historia de Hadara, el niño que se crió con avestruces en el Desierto del Sahara. Esta historia ha sido narrada por el hijo de Hadara, quien se la contó a una escritora sueca que escribió un libro al respecto.

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¿Quién fue Hadara y cómo empezó la historia?

La madre de Hadara hacía una travesía por el Sahara, llevando a su hijo pequeño en el trayecto. El camino lo realizaba con ayuda de un camello, que al parecer marchaba con miedo sobre las arenas del desierto.

Fue entonces cuando el animal empezó a moverse con rapidez y sin control. La mujer tuvo que bajar del camello, dejar a su niño en unos matorrales y calmar al animal. Algo que hizo varias veces en el trayecto.

No obstante, en uno de esos momentos pasó algo: al regresar a buscar al niño ya no estaba. La madre se desesperó buscando, pero no pudo conseguir al niño. Se inició una frenética búsqueda, pero con resultados infructuosos.

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14 años extraviado y viviendo con avestruces

La madre se desesperó, pero el niño no apareció. ¿Qué había pasado? Aparentemente, el chico empezó a curiosear y caminar. Pero se perdió y se alejó, hasta el punto que su madre no logró divisarlo.

El niño se topó con una manada de avestruces. Un avestruz hembra decidió adoptarlo, lo alimento con lombrices y otros alimentos propios de las artes. Así transcurrieron 14 años, por increíble que parezca.

Sin embargo, se empezó a esparcir un rumor: los viajeros y cazadores hablan de la existencia de un “niño avestruz”. El jovencito corría, caminando y se comportaba como una de estas aves en medio del desierto.

La familia de Hadara sintió mucha curiosidad. Los rumores indicaban que era un jovencito de unos catorce años. ¡La edad que debía tener el chiquillo extraviado! ¿Acaso era él? Decidieron hacer una trampa de avestruces.

[Única foto que se conserva de Hadara] Fuente: Haz lo que debas

El joven fue captura junto a la manada de avestruces

La trampa resultó y ahí estaba un joven de catorce años. No hablaba como las personas, sino que repetía el ruido de las aves. Caminaba con porte de avestruz y se alimentaba de lo mismo que estos animales.

Fue complicado retornarlo a la civilización. Era renuente, quería volver al desierto. Sin embargo, en su memoria quedaron recuerdos de su familia y lentamente se adaptó de nuevo al mundo de los seres humanos.

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¿Y qué pasó luego? Hadara creció y tuvo hijos. En el año 1952 le tomaron una fotografía, que es la única que se conserva. Se aprecia ya un hombre mayor, con barba canosa.

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