China coloca mantas sobre el hielo y habla de la estrategia experimental que podría frenar el deshielo glaciar.
En algunas regiones montañosas de China, los glaciares presentan una imagen tan llamativa como inquietante: grandes extensiones blancas cubren el hielo y contrastan con la roca oscura del entorno. No se trata de nieve reciente ni de una intervención estética, sino de una respuesta científica frente a la aceleración del deshielo provocada por el calentamiento global.
Ante el aumento sostenido de las temperaturas, el país asiático comenzó a ensayar soluciones de emergencia para proteger su criosfera más vulnerable y ganar tiempo frente a una crisis que avanza a escala planetaria.
Una solución simple ante un desafío global
La estrategia consiste en cubrir sectores específicos de los glaciares con mantas geotextiles blancas, diseñadas para reflejar la radiación solar y reducir la absorción de calor.
Estas mantas funcionan como un aislante térmico parcial: durante los meses críticos del verano, disminuyen la velocidad de fusión del hielo al limitar el impacto directo del sol. China aplica esta técnica de forma experimental en áreas seleccionadas, como parte de estudios sobre los efectos concretos del calentamiento global.
El glaciar Dagu como laboratorio natural
Uno de los casos más emblemáticos se desarrolla en el glaciar Dagu, ubicado en la provincia de Sichuan. Allí se cubrieron alrededor de 500 metros cuadrados de hielo durante la temporada estival, cuando el derretimiento alcanza su punto máximo.
Al finalizar el período y retirar las mantas, los investigadores observaron que el hielo protegido conservaba un espesor significativamente mayor en comparación con las zonas expuestas.
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Cómo actúan las mantas sobre el hielo
El mecanismo no busca enfriar artificialmente el glaciar, sino modificar su relación con la energía solar. Al aumentar el albedo —la capacidad de reflejar la radiación—, las mantas devuelven gran parte de la luz solar al ambiente, evitando que se transforme en calor.
Además, el geotextil actúa como una barrera frente al aire cálido, reduciendo la transferencia térmica directa y ralentizando el proceso de fusión superficial.
Resultados visibles, pero con límites claros
Las mediciones posteriores en el glaciar Dagu indicaron una reducción del derretimiento de hasta un 34% en las áreas cubiertas. Experiencias similares realizadas en otras regiones de China y en países europeos registraron descensos estivales incluso mayores.
Sin embargo, el efecto es estrictamente localizado: mientras las zonas protegidas conservan hielo, el resto del glaciar continúa retrocediendo sin freno.
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