Innovadores: los jardines verticales que salvan polinizadores se ubican en medio del cemento y la contaminación. En este sentido, los muros verdes con especies locales se convierten en refugios esenciales para abejas, mariposas y colibríes, ayudando a restaurar el equilibrio natural en entornos urbanos.
Cómo son los jardines verticales que salvan polinizadores
La polinización es el proceso mediante el cual el polen se transfiere de la parte masculina de la flor (estambres) a la femenina (pistilo), permitiendo la formación de semillas y frutos. Sin este mecanismo natural, gran parte de los alimentos que consumimos simplemente no existiría.
Nuestro sustento depende en gran medida de este intercambio silencioso que ocurre todos los días gracias a insectos y aves. Además, favorece la reproducción de plantas que generan oxígeno, regulan la temperatura y mejoran la calidad del aire en las ciudades.
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Los “bichos buenos” que sostienen el ecosistema
Abejas, abejorros, mariposas, hormigas, mosquitos e incluso colibríes cumplen un rol fundamental en este proceso. Al desplazarse de flor en flor, transportan polen y permiten que la vida continúe multiplicándose.
En los entornos urbanos, donde predominan el cemento y la escasez de vegetación, estos polinizadores encuentran cada vez menos espacios seguros para alimentarse y reproducirse.
¿Qué está pasando en las ciudades?
La contaminación atmosférica, la reducción de áreas verdes y el uso masivo de insecticidas químicos han afectado gravemente a los polinizadores.
Existen dos tipos principales de insecticidas:
- De contacto: eliminan al insecto en el momento.
- Sistémicos: el insecto transporta el tóxico al nido, afectando a toda la colonia.
Estos productos no solo eliminan especies consideradas “plaga”, sino también a los polinizadores esenciales para el equilibrio ambiental.
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