Transforman colchones viejos en aislantes con hongos- un equipo de investigadores de la Universidad de Swinburne, en Australia, desarrolló un material aislante a base de micelio —la estructura vegetal de los fungis— y espuma reciclada de colchones en desuso. La propuesta no solo reduce residuos difíciles de reciclar, sino que ofrece una alternativa eficiente, resistente al calor y con menor impacto ambiental para la industria de la construcción.

cómo transforman a los colchones en aislantes con hongos

Cada año, millones de colchones terminan en vertederos alrededor del mundo. Debido a su tamaño y a la combinación de materiales como espumas, telas y metales, su reciclaje resulta complejo y costoso. Además, pueden tardar hasta 120 años en descomponerse, ocupando un enorme volumen en rellenos sanitarios y generando contaminación a largo plazo.

La creciente rotación de productos en la industria del descanso agrava el problema, lo que vuelve urgente encontrar soluciones innovadoras bajo un enfoque de economía circular.

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Imagenes: Infobae
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Cómo los hongos convierten residuos en aislamiento térmico

Según difundió Popular Science, el proceso comienza con el desmontaje de los colchones para separar la espuma de poliuretano. Este material se desinfecta y tritura para servir como sustrato del micelio.

El micelio crece sobre la espuma reciclada, la descompone parcialmente y actúa como aglutinante natural, formando paneles rígidos y livianos. Todo ocurre en condiciones controladas de humedad y temperatura durante pocas semanas, sin necesidad de adhesivos sintéticos ni procesos industriales altamente contaminantes.

Un material resistente, eficiente y biodegradable

Los paneles desarrollados presentan baja conductividad térmica, lo que los convierte en una alternativa eficaz para conservar la temperatura interior en edificios y reducir el consumo energético.

Además, en pruebas de laboratorio demostraron resistir temperaturas de hasta 1.000 °C, lo que amplía su potencial frente a riesgos de incendio. A diferencia de muchos aislantes convencionales, no liberan compuestos tóxicos y son biodegradables al final de su vida útil.