Por Ragile Makarem*

La necesidad de acceso al agua potable es un derecho esencial e inalienable. Sin embargo, existen millones de personas sin garantía de este recurso. A esto se suma que el cambio climático amenaza cada vez más en restar fuentes de agua. Por estos motivos, es obvio que deberá ser una prioridad de la agenda post pandemia por parte de las autoridades y gobiernos proveer agua segura y saneamiento a miles de millones que carecen de condiciones sanitarias dignas.

La humanidad ha enfrentado varias pandemias a lo largo de la historia, en especial a partir de la creciente posibilidad de interconectarse entre poblaciones cada vez más distantes, fenómeno maximizado en nuestros días de globalización sin precedentes. En épocas pasadas se atribuía a castigos divinos o a la “inevitabilidad” y se aceptaba de alguna forma la mortandad de millones de personas, incluyendo por ejemplo la mal llamada “gripe española” de principios del Siglo XX. Posteriormente, la aparición de las vacunas permitió mitigar los efectos de aquello que se consideraba inevitable y reducir así los afectados por estos virus que suelen aparecer de forma cíclica.

Es el momento de aceptar con humildad las lecciones aprendidas para delinear el escenario post pandemia, la “nueva normalidad”, y priorizar la necesidad de agua potable como un aliado indiscutible en cuanto a medidas sanitarias.

Las enfermedades transmitidas por el agua, como la COVID-19, se extienden por la contaminación de los sistemas de agua potable con la orina y heces, tanto de animales como personas infectadas. La desinfección del agua consiste en abatir los patógenos presentes en el suministro del agua y evitar que crezcan de nuevo en los sistemas de distribución.

Según la OMS cada dólar invertido en saneamiento permite economizar 4 dólares en salud pública, lo que significa una asignación más eficiente de recursos, por lo general siempre escasos.

Sin embargo, la desinfección de agua ha ocupado un capítulo menor en el diseño de plantas de tratamiento y lo que resultó un progreso extraordinario para la humanidad hace algo más de 100 años hoy es insuficiente ante el avance de los conocimientos y tecnologías disponibles. Procesos convencionales de tratamiento de agua y efluentes eliminan con gran eficiencia virus, pero no todos.

Más aún, la legislación al respecto ya ha quedado obsoleta y requiere una mirada crítica de los actores relacionados con el tema. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) ha incorporado entre las exigencias microbiológicas la ausencia de virus y protozoos que son “algo o muy” resistentes al cloro; a partir del “desastre de Milwakee” en 1993 en que la presencia de un parásito, el Cryptosporidium, un protozoo resistente al cloro, afectó a un 25% de la población (400.000 personas) y ocasionó 69 muertes.

En cambio, en Latinoamérica las legislaciones al respecto dejan vacíos en cuanto a los criterios sobre la presencia de bacterias, cerrándose a algunos tipos y dejando otros libres de barreras de desinfección.

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La notoriedad alcanzada por los virus abre un espacio para revisar y proponer con energía la aplicación de las mejores técnicas disponibles. El método sin duda más convencional para un tratamiento de desinfección es el uso del cloro. Una modalidad alternativa y con creciente aplicación en los últimos 20 años es la generación del hipoclorito de sodio in situ a partir de un proceso de electrolisis de la salmuera (sal + agua).

Esto disminuye significativamente los riesgos de transporte, almacenamiento (no se requieren medidas de seguridad) y operativos. Por su parte, la radiación UV es conocida desde hace décadas por su eficiente acción germicida debido a que penetra en las células de los microorganismos y altera su información genética (ADN) inhibiendo funciones vitales, en especial la reproducción. Por último, la ultrafiltración (UF) es una membrana de filtración que hace la separación líquido–solido, teniendo la capacidad de remoción de 99,99% de bacterias y virus.

ALADYR, junto a la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (AIDIS), llevarán a cabo un taller online público y gratuito para brindar conocimiento de estas tecnologías disponibles para la desinfección del agua, el 15 de julio, a las 16 horas (Argentina). La inscripción puede realizarse en procesos@aladyr.net

* Ragile Makarem es Directora de Mercadeo y Comunicación de la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua (ALADYR)