Cómo reducir el estrés en las mascotas, según los expertos?: el nerviosismo en perros y gatos puede pasar desapercibido, pero impacta de forma directa en su salud física y emocional.

Especialistas en comportamiento animal explican cuáles son las señales de alerta y qué hacer para mejorar su bienestar.

El estrés en mascotas: un problema silencioso

El estrés en perros y gatos suele subestimarse, aunque puede afectar seriamente su calidad de vida. Según expertos en comportamiento animal, identificar los primeros signos de estrés es clave para prevenir problemas mayores, ya que esta condición provoca un aumento del cortisol, acelera la frecuencia cardíaca y debilita el sistema inmunológico.

Cuando el estrés se sostiene en el tiempo, puede favorecer la aparición de enfermedades, trastornos digestivos y cambios de conducta que impactan tanto en el animal como en su entorno familiar.

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Los profesionales recomiendan una serie de estrategias para ayudar a reducir el estrés en perros y gatos y mejorar su bienestar emocional. (Imagen: IA)

Factores que pueden generar estrés en perros y gatos

Existen múltiples situaciones cotidianas que pueden alterar el bienestar emocional de las mascotas. Entre las más frecuentes se encuentran las visitas al veterinario, los viajes en automóvil, las mudanzas y la incorporación de nuevas mascotas al hogar.

En el caso de las consultas veterinarias, el estrés suele asociarse a experiencias previas dolorosas, como inyecciones o tratamientos, sumado al contacto con olores desconocidos. Los viajes, por su parte, pueden provocar miedo, mareos o ansiedad, especialmente si el animal ya tuvo experiencias negativas o se expone a ruidos intensos.

Los cambios en el entorno, como una mudanza o la llegada de otro animal, también influyen en la conducta. Perros y gatos se sienten más seguros en espacios conocidos, por lo que las modificaciones repentinas pueden generar inseguridad y malestar.

Señales de alerta para detectar estrés en las mascotas

Reconocer los signos tempranos de estrés permite actuar de manera preventiva. Algunas señales comunes incluyen el bostezo reiterado, el lamido frecuente de labios o nariz y la falta de interés por comer o beber durante episodios de nerviosismo.

Cuando la tensión aumenta, pueden aparecer temblores, posturas defensivas —como la cola entre las patas o el cuerpo encogido— e incluso episodios de incontinencia urinaria o fecal. En los perros, el jadeo constante y el chasquido de labios o mandíbulas suelen ser claros indicadores de ansiedad.

Los gatos, en cambio, tienden a refugiarse en escondites, quedarse inmóviles o adoptar posturas defensivas para reducir el contacto con el entorno. Tanto perros como gatos pueden responder quedándose quietos frente a lo que perciben como una amenaza, lo que a veces dificulta que los tutores detecten su malestar.