La segunda semana de la conferencia sobre el clima, en la capital española, comienza con largas filas. "Solo prensa, solo prensa", vocifera el oficial de seguridad a la gran multitud reunida frente a la sala "Mocha" de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, en Madrid.

Periodistas, funcionarios estatales, ambientalistas, todos quieren al menos echar un vistazo a la joven que pronto se sentará en el podio: Greta Thunberg. En solo un año, se ha convertido en un gran ícono del movimiento juvenil mundial "Viernes para el Futuro" (Fridays for Future). Con su huelga escolar por la protección del clima, esta sueca de 16 años ha echado a rodar una bola de nieve.

Silenciosa, casi invisible: Greta

Sentada en el podio, en medio de otros siete jóvenes activistas climáticos de todo el mundo, Greta calla. Hablan los demás. Allí está Arshak Makichyan, de Moscú, quien ha estado siguiendo el ejemplo de Thunberg desde marzo, manifestándose por el clima todos los viernes, en la Plaza Pushkin de la capital rusa: "Hasta hace poco, no sabía nada sobre el cambio climático; ahora le dedico todo mi tiempo", afirma.

Thunberg, allí sentada, mantiene su silencio. Más tarde, en la foto grupal, apenas se la distinguirá en segunda fila. Pero, primero, habla Hilda Flavia Nakabuye, que viene de Uganda: "Nuestros corazones están en llamas, nuestros sueños se han convertido en pesadillas, las naciones industrializadas deberían estar avergonzadas", dice esta joven veinteañera.

Pero, por supuesto, Thunberg y su contraparte alemana, Luisa Neubauer, también se hacen escuchar en Madrid. Han querido "prestar sus voces" a las personas en el Sur global, que son quienes más sufren por el calentamiento global, aclaran.

"Hemos notado que recibimos cierta atención de los medios", señala Thunberg. Pero no se trata de escuchar y contar su historia, sino especialmente la de las personas en el Sur global: "Porque la emergencia climática no es solo algo que nos afectará en el futuro", dice, "afecta a incontables personas hoy".

¿Elevan los Estados sus objetivos climáticos?

Los representantes de los países industrializados, de los países ricos, parecen un poco abrumados por esta ola de protestas. Quieren insuflar vida al Acuerdo de París. Muchos detalles aún no están claros, y el documento debería entrar en vigor el año próximo. En esta conferencia, que estaba programada para realizarse en Chile, pero se mudó a Madrid debido al estallido social en el país sudamericano, se propusieron hacer dos cosas.

Querían, en la medida de lo posible, ajustar al alza los objetivos climáticos establecidos para cada país en París, en 2015; pero aún no está claro cómo hacerlo. China, dicen algunos en la conferencia, podría aumentar su meta y dar un impulso importante, pero todavía no hay información oficial alguna. El gigante asiático es el mayor productor mundial de gases de efecto invernadero.

Complicados: los mecanismos de mercado

En segundo lugar, los negociadores de unos 190 países de la ONU están lidiando con los llamados mecanismos de mercado, altamente complejos. Si un país rico no cumple con sus objetivos climáticos, ¿puede obtener créditos por construir un parque solar en la India, por ejemplo? Tales acuerdos han existido durante mucho tiempo en la protección climática internacional, pero ahora deberían hacerse transparentes y comprensibles.

Jochen Flasbarth, Secretario de Estado del Ministerio de Medio Ambiente en Alemania y uno de los negociadores clave aquí en Madrid, cree firmemente que este tipo de acuerdos puede ayudar a proteger el clima. Sin embargo, los jóvenes activistas climáticos lo ven como un moderno "tráfico de indulgencia".

Grupos ambientalistas como la Federación para el Medio Ambiente y la Conservación de la Naturaleza en Alemania (BUND) son también escépticos con estos nuevos mecanismos de mercado: "Esto es algo que vemos muy críticamente, nuestro mensaje sigue siendo –y esto es muy importante- que el Gobierno alemán debe abogar por que la reducción de emisiones tenga lugar en casa", declara a DW la experta de BUND Ann-Kathrin Schneider.

Diplomacia vs. protesta juvenil

A Flasbarth, quien generalmente mantiene la calma, la crítica masiva casi le hace perder la compostura: "No se puede tener todo ahora. O tendremos que elegir un enfoque completamente diferente. Y eso llevará a un ciclo de frustración", asegura. Y es que, pese a toda la protesta juvenil, existen suficientes bloqueos internacionales a un cambio rápido en la estrategia de protección del clima.

Brasil quiere sobre todo dinero, y el presidente populista de derecha Jair Bolsonaro no admite críticas por la deforestación de la Amazonía. Estados Unidos ya no es parte del acuerdo climático de París. Y si la UE aspira aumentar su objetivo de reducir el 40 por ciento de sus gases de efecto invernadero para 2030, como se dice, primero debe romper la resistencia de Polonia, Hungría y la República Checa.

Flasbarth puede entender a los europeos del Este. Después de todo, su economía se basa tradicionalmente en el carbón: "Sería un error señalarlos con el dedo", cuando incluso Alemania tiene grandes problemas para alcanzar sus objetivos climáticos.

¿Se acerca un choque de trenes?

Así, la vieja, diplomática y compensatoria política climática choca todo el tiempo con el "Ahora o nunca" de la juventud. "No vemos que aumente la protección climática, estamos muy decepcionados tras la primera semana. Ningún país realmente grande, con muchas emisiones, ha dicho: 'Sí, vamos a proteger más el clima, vamos a aumentar nuestros objetivos'", resume Ann-Kathrin Schneider.

Si la conferencia de Madrid no llega a formular ningún objetivo importante, podría llegarse a un choque de trenes entre el movimiento ecologista y el establishment. Los participantes en la COP25 aún tienen tiempo hasta el viernes.

Fuentes:

DW