Sin lugar a duda, la pandemia del coronavirus surgida a fines del 2019 puso de relieve la importancia de las emociones para poder afrontar mejor los desafíos. La inteligencia emocional es la disciplina que desde la psicología, busca definir y ayudar a entender este proceso interno que vive cada persona, con el objetivo de encauzar las reacciones emocionales y los sentimientos en una forma más asertiva.

Es en el marco de la familia donde se pueden construir las bases de las competencias personales y sociales propias del modelo de Inteligencia Emocional que ha popularizado el psicólogo norteamericano Daniel Goleman. Competencias como la autoconsciencia, el autocontrol, la motivación, las habilidades sociales y la empatía.

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En la obligada convivencia que impone el distanciamiento social han aparecido varios inconvenientes intrafamiliares. ¿Cómo convivir pacíficamente y no quedarse en el intento? ¿De qué forma promover que los menores puedan reconocer sus emociones y acompañarlos en el proceso? Y, ¿cómo aprender sobre el beneficio de contar con este tipo de inteligencia relacional?

Las mismas preguntas podemos trasladarlas a otros ámbitos donde interactuamos con otras personas, ya que somos seres emocionales por naturaleza. Sin embargo, podemos empezar construyendo estas virtudes en los vínculos más fuertes que tenemos: la familia.

6 pasos para lograr ser una familia con Inteligencia Emocional

Estas claves ayudarán a encauzar mejor la dinámica en la familia y, cuanto más se practiquen, más rápidamente se verán los resultados:

• Entrenarse en comprender las emociones de los demás

Todos sentimos todo el tiempo; por eso la cualidad de poder comprender el proceso que está atravesando cualquier miembro de la familia es sumamente importante. No se trata de justificar, sino de entender.

Herramientas: hacer preguntas abiertas donde se promueva que la persona pueda expresarse. Preguntarte internamente “¿cómo me sentiría si yo estuviese en su lugar?”. Brindar apoyo y presencia, sin necesidad de dar consejos ni observaciones adicionales.

Expresar las emociones apropiadamente

Hay momentos de alegría, diversión y risas, y los hay también de tensión, enojo, furia e ira. Una familia con inteligencia emocional aprenderá a sopesar ambos estados, buscará calmar los espirales de negatividad y reequilibrar las emociones (autoregulación).

Herramientas: dar espacio a la expresión de lo que se siente, y poner límites cuando se empieza a herir a los demás. Buscar espacios neutrales para tratar temas delicados. El “se felicita en público, se llama la atención en privado” típico del ambiente laboral también funciona en el marco de la familia. También es necesario observar profundamente cada manifestación emocional para intentar ver qué hay por debajo, qué se está queriendo expresar y quizás sale de una forma inapropiada.

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• Enfocarse en expresar afecto

El cariño, cercanía y afecto genuino es un puente catalizador de las emociones que comúnmente llamamos “negativas”. En verdad, las emociones son neutras: es la reacción que tenemos ante lo que nos sucede lo que le coloca la etiqueta de positivas o negativas.

Herramientas: co-crear rituales de afectividad que se pueden hacer en distintos momentos. Utilizar las habilidades de cada uno de los miembros de la familia: habrá quien es mejor dibujando que hablando, otros, dialogando: todo podemos utilizarlo para desarrollar estas habilidades diariamente.

• No sentirse criticado y practicar el feedback

El feedback es una retroalimentación donde una persona apoya a otra a crear resultados superadores. En este tipo de familias es habitual que se comenten las oportunidades de mejora, expresadas en el momento y el tono apropiados. El feedback no es dar consejos: sino observar desde la perspectiva individual las acciones de los demás, intervenir comentando impresiones en primera persona, y luego, si la hubiese, alguna oportunidad para mejorar.

Herramientas: aprender habilidades de comunicación asertiva; eliminar juicios, interpretaciones y el querer “leer la mente” de la otra persona. Debes preguntar antes de dar feedback a cualquier miembro de la familia. No dar consejos si no se piden.

• No se sentirse juzgado y apreciar las diferencias

Otro aspecto esencial para la inteligencia emocional en la familia es apreciar la diversidad de enfoques, carácter y personalidad entre todos. Y de esas diferencias se buscan los puntos en común para maximizarlos.

Herramientas: trabajar colaborativamente en construir el alma de la familia, desde las disonancias, y buscar “sonar” armónicamente. Pedir ayuda en habilidades que un miembro no posee y otro sí, para aprender mutuamente del dar y recibir. Focalizarse en los puntos de contacto, más que en las discrepancias. En una discusión, resaltar lo que tienen en común y recapitularlo claramente para fijar esas concordancias entre ambas personas que están atravesando ese momento.

• Tener una buena comunicación y confianza

La inteligencia emocional familiar se nutre del diálogo y las conversaciones de calidad. Sería complejo lograr acordar con los demás si no existiesen estos espacios. Sin embargo, en muchas familias no se los tiene en cuenta.

Herramientas: crear tiempos sin pantallas para charlar e intercambiar información. Organizar tareas que deban realizarse en equipo. En toma de decisiones que afecten a todos, preparar el terreno por parte de los adultos, y escoger por consenso de la mayoría. Abrir espacios para escuchar cuando un miembro no la está pasando bien, y evitar querer minimizar lo que comparte, e incluso su silencio. Es necesario respetarlo.

¿Qué esperas para poner estos hábitos en práctica?