La pandemia de Covid- 19 ha dejado muchas consecuencias negativas en diferentes actividades diarias, una de ellas es la dismorfia de Zoom. Se trata de un trastorno por exceso de videollamadas.

Se sabe que con la crisis sanitaria, la manera de sobrellevar la educación y las responsabilidades laborales tuvo que migrar. Fue una marcha forzada a plataformas de reunión virtual. A diferencia de lo que sucedía antes, en las videollamadas con amigos o compañeros de trabajo, las personas se ven más a sí mismas que a los demás participantes conectados. Este fenómeno es descrito por la mercadóloga de la Universidad de Boston, Marcela Quintanilla-Dieck, como dismorfia de Zoom.

Las llamadas y reuniones por Zoom ya han agotado a muchas personas. Pero, hay poco que pueda hacerse en contra de esta tendencia: hay que trabajar, estudiar, o seguir con la vida. La necesidad se impone. Sin embargo, los psicólogos sociales y mercadólogos se percataron de esta tendencia peculiar, a más de año y medio de que estalló la crisis sanitaria global.

En los casos más críticos, a la dismorfia de Zoom se la ha catalogado como un trastorno. A pesar de que hay múltiples personas conectadas en las reuniones, la gente tiende a mirarse sólo a sí misma, como si se viera en el espejo. Es muy evidente cuando una persona mira el recuadro de alguien más, porque dejan de posar y vuelven la mirada a otro espacio en la pantalla.

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Una nueva fuente de inseguridades

El fenómeno de la dismorfia de Zoom ha generado inseguridades que antes las personas no tenían. Las más comunes son la papada, los barros en la piel, las mejillas pronunciadas, la separación de los ojos.

Con esta nueva intimidad frente a la cámara, todo parece exagerado. Hasta el punto que las personas se preguntan a sí mismas si se han visto así de mal siempre. Algunas de ellas no son conscientes de que las cámaras de las computadoras también distorsionan las imágenes. Pero la ansiedad permanece.

Esta hiperconsciencia de las ‘imperfecciones’ humanas ya ha repercutido a nivel médico en algunos pacientes, según explican investigadores de la Universidad de Massachussetts. Dicho estudio, publicado en Facial Plastic Surgery and Aesthetic Medicine denuncia cómo las personas se están interviniendo quirúrgicamente porque no les gusta su apariencia en las reuniones virtuales. Así de duras se han vuelto las autocríticas.

Nietzsche se adelantó a la dismorfia de Zoom. Sabía que cuando miras al abismo, éste te devuelve la mirada. Es otra manera de decir que nos reconocemos en el vacío, en donde no hay nada, en donde todo está perdido: ahí también hay algo de nosotros.

Al apagar la cámara, el eco del vacío ataca más duramente. Y de alguna manera, sentimos alivio de ya no estar frente a nosotros mismos.

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