Mientras dormimos, el cerebro consolida recuerdos, regula emociones, reorganiza conexiones y activa procesos de mantenimiento que no ocurren de la misma manera cuando estamos despiertos. A la vez, el cuerpo ajusta hormonas, metabolismo, presión arterial y funcionamiento del sistema inmune.

Dormir parece ser prácticamente la piedra basal de una vida saludable, sin embargo, no pareciera ser una prioridad ni individual ni social: hay campañas de salud pública vinculadas a la correcta alimentación, a la importancia de la actividad física, a la vacunación, a los controles médicos, pero no existen campañas públicas nacionales sobre el sueño. Dormir bien, cada vez cuesta más.

Diego Golombek es doctor en Biología por la UBA, investigador superior del CONICET y especialista en cronobiología. Lo invitamos para entender por qué dormir no es simplemente “apagar” el cuerpo y qué estamos sacrificando cuando decidimos robarle horas al sueño.

¿Dormimos peor que hace 10 años?

Sí, dormimos peor que hace 10 años, que hace un año, que hace 100 años y no importa cuando leas esto. Porque si el enemigo número uno del sueño es el estrés, la verdad que tenemos bastantes razones para estar estresados.

Y encima hemos perdido un poco la noche, hemos perdido un poco la oscuridad de la noche. No sé si la tendencia de hace 10 años es tan marcada, pero desde la aparición de pantallas, que es un poco más que 10 años, la verdad que sí estamos durmiendo peor.

Vos mencionaste dos factores: estrés y pantallas. ¿Esos dos son los principales responsables de que tengamos tan mal sueño o hay otros factores también que se meten?

Sí, la cuestión cultural, por supuesto, y esto depende de cada cultura, de cada sociedad. Una cultura como la nuestra, como la argentina o como la rioplatense, más bien, en la cual todo ocurre mucho más tarde y no te querés perder nada porque la cena es tarde, la tele, el cine, el teatro, la fiesta es tarde, todo muy lindo, pero al día siguiente todo empieza temprano, como en el resto del mundo. Así que ese es un factor super importante para conspirar contra un buen sueño.

¿Y qué es lo que tendríamos que hacer? ¿Arrancar un poco más tarde nuestras actividades o subir un poco todo y cenar más temprano, acostarnos más temprano?

Lo ideal sería hacer todo un poquitito más temprano de noche. Pero si hablamos de escuelas secundarias, resulta que para los pibes y para las pibas resulta muy natural hacer todo más tarde porque su reloj biológico así lo indica. Entonces, en ese grupo etario sería mucho mejor empezar un poquito más tarde.

De hecho, estamos empezando una investigación en escuelas de la Ciudad de Buenos Aires para ver qué pasa cuando uno empieza un poquito más tarde y creemos que va a dar extraordinariamente bien, pero en general yo te diría que adelantemos un poquitito el horario de la cena, adelantemos un poquitito el horario de encuentro con los amigos, cosa de poder irte a dormir un poco más temprano y te vas a tener que despertar para ir a trabajar al colegio a la misma hora de siempre.

¿A qué hora deberían arrancar el colegio los chicos de secundaria y a qué hora los más chiquitos?

La primaria suele empezar las 8, sí, pero culturalmente está muy muy arraigado el hecho de que los pibes de primaria y más aún los más chiquitos tengan que dormir mucho, tengan que dormir sus 9 horas y las duermen.

Si vos haces una encuesta, salvo en condiciones muy vulnerables o pibes que tienen muy malas condiciones en cuanto a sus dormitorios o la luz que entra o lo que fuera, los chicos chiquitos duermen esas 9 horas. Los y las adolescentes tendrían que dormir unas 8 horas como mínimo, recontra mínimo, y ahí estamos en problemas, ahí no las duermen porque el colegio empieza 7:20, 7:30 de la mañana. Nosotros quisiéramos que empezara las 8:30 . Al menos que no empiece antes de las 8. Ya esa media hora es un mundo de diferencia.

Vos sos un defensor de cambiar el huso horario, ¿no?, de la Argentina. ¿Por qué? ¿Qué significaría cambiar el huso horario? ¿Cómo es el proyecto?

El huso horario es una división, una convención. La idea es pensar en la Tierra como una mandarina con 24 gajos y a cada gajo le corresponde un horario. El gajo cero es el meridiano de Greenwich en Inglaterra que a partir de ahí se establecen el resto de las horas.

Todo muy lindo, pero vos ves lo que es un mapa de usos horarios y parece como que el geógrafo, la geógrafa se lo dio a su hijito de 3 años, le dio un crayón y vos ponés unas líneas por ahí, pues se cruzan por todos lados. Realmente es una convención más política que geográfica. Si vos fueras por la geografía, si fueras por qué hora te corresponde para que al mediodía el sol esté bien ahí arriba, a Argentina le corresponde en promedio el usuario -4, quiere decir 4 horas al oeste del Meridiano de Greenwich.

En 1920, Argentina ingresó a la Convención Internacional de Usos Horarios y entró bien. Entró con el uso horario -4. Pero empezamos a alternar en horarios de verano e invierno y cuando dejamos de alternar nos quedamos mal, nos quedamos en -3, nos quedamos como si estuviéramos en Brasil, no estamos en Brasil, estamos en Argentina. Entonces sí, efectivamente, abogamos porque todo el territorio nacional esté en -4.

¿Y qué cambiaría con esa modificación? Porque no es tanto, es una hora.

Es una hora y es un montón de diferencia porque, ¿qué es lo que pasaría? Amanecería más temprano, o sea, tendríamos más luz a la mañana. En invierno y en otoño vos te despertás de noche, los chicos van a la escuela de noche, la gente va a laburar de noche y recién empieza a amanecer a las 8 o algo así. Entonces, ganaríamos esas horas de luz en la mañana.

¿Cuál es el problema? ¿Por qué a la gente no le convence? Porque perderías un poquitito de luz a la tarde, a la tardecita, en invierno particularmente. Y a la gente no le gusta eso. Yo quiero ir a la plaza con la familia, quiero salir a tomar mate a la vereda.

Pero la luz que garpa, la luz que más rinde biológicamente es la de la mañana, es la que pone en un el reloj biológico, te cambia el estado de ánimo, te da una más alerta, te da más ganas de seguir el resto del día. Entonces, es un balance en el cual la biología privilegia el horario de la mañana.