El agua es un recurso fundamental para el desarrollo de la vida. Cerca del 70% de la superficie de la Tierra está cubierta por ella, e incluso conforma más de la mitad de nuestro cuerpo.

Sin embargo, solo un 3% del agua es apta para el consumo, y la mayor parte de ella se encuentra congelada. Por eso, los hielos polares y glaciares son nuestras reservas más importantes.

Pero estos tesoros tan preciados están en peligro, a causa de la acción del mismo hombre que los necesita como reservas de agua del mismo modo que necesita el aire que respira.

El Río Santa Cruz, ubicado en el sur de Argentina, es el último curso de agua glaciario de la Patagonia  que aún corre libre desde la cordillera hasta el mar. Ha sido remontado históricamente por Charles Darwin, Robert Fitz Roy y el perito Francisco P. Moreno.

Albergando una riqueza biológica, arqueológica y geológica muy valiosa, en este río se han identificado áreas irremplazables y prioritarias por la APN (Administración de Parques Nacionales) que deberían ser protegidas para conservar la biodiversidad de la región. Sin embargo, hoy nos encontramos ante la posibilidad de perderlo y de que, una vez más, el afán de dinero nos arrebate uno de nuestros más preciados tesoros naturales.

La construcción de dos represas, impulsadas y aprobadas por el gobierno nacional, podrían afectar de manera irreversible no solo el río, sino también los glaciares Perito Moreno, Upsala y Spegazzini, consagrados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

¿Cuál es el problema de las represas?

Las represas son construcciones que actúan como barreras que embalsan el agua del río para elevar su nivel formando lagunas artificiales que son utilizadas, en este caso, para la producción de energía eléctrica.

Las obras aprobadas para ser realizadas en el Río Santa Cruz con financiamiento del gobierno de China pretenden generar 1740 MW de potencia energética, aunque cuentan con la capacidad de transportar solo un 43% de la energía producida y su factor de capacidad es del 32% (muy ineficientes comparadas con represas como Yacyretá, que tiene un factor de capacidad del 71%).

Al mismo tiempo, también con capitales chinos, se anuncia un nuevo parque eólico en Chubut, que podría generar la misma cantidad de energía con esa tecnología y tener un ahorro de más de 1000 millones de dólares, sin generar los daños que acarrearían las construcciones en el Río Santa Cruz.

Desde el punto de vista ambiental, si se realizara este proyecto la mitad del Río Santa Cruz dejaría de correr libre para transformarse en dos grandes espejos de agua artificiales, dejando bajo el agua zonas de un gran valor.

Además, la otra mitad quedaría afectada por la falta de agua, ya que, debido al efecto generado por la represa, tendría un caudal de agua muy bajo que aumentaría drásticamente cuando se necesitara energía.

Estos cambios artificiales en la altura, caudal y curso natural del agua también podría afectar el nivel del Lago Argentino, que pasaría a depender únicamente de la demanda de energía.

Al afectar el Lago, esto tendría un grave impacto en los glaciares, generando una cadena negativa con efectos que no tendrán vuelta atrás.

El glaciar Perito Moreno es conocido en el mundo entero por formar diques de hielo al tocar tierra en la península de Magallanes, y brindar un increíble espectáculo de rupturas que ocurren cada 4 a 8 años.

Las represas afectarían a este tesoro natural haciendo que el período de formación y su posterior ruptura tarde muchos años más, o incluso que no volviera a producirse. Además, los otros dos glaciares que podrían verse afectados por las variaciones artificiales en la altura del Lago Argentino son los Spegazzini y el Upsala.

En cuanto a las especies que habitan el ecosistema, se espera que sobrevivan solamente aquellas que puedan sobrellevar los cambios drásticos generados.

Desde el punto de vista económico, además de ser una mala inversión económica, ya que se desaprovechará más del 50% de la energía producida; afectaría el atractivo turístico de la región, perjudicando además una de las mayores fuentes de empleo sustentable de los habitantes.

Por otro lado, desde el punto de vista legal, las represas violan las leyes ambientales argentinas como la Ley General del Ambiente (25.675), la Ley de Protección de Glaciares (26.639) y la Ley de Parques Nacionales (22.351).

En este sentido, las obras son ilegales, ya que tampoco cuentan con un estudio de impacto ambiental independiente y previo a la aprobación y comienzo de las represas. Además, no se ha realizado una audiencia pública para que los habitantes puedan participar y elegir sobre su propio escenario de vida.

Además, se estarán perdiendo zonas arqueológicas poco estudiadas hasta el momento que incluyen tanto fósiles marinos como restos de herramientas de los pueblos originarios que habitaron la región.

Por eso, ¡el momento de actuar es ahora!

¿Cuál es el estado actual del proyecto?

Desde principios de 2015 se han hecho 2 desembolsos millonarios para avanzar con la construcción. También se han comenzado trabajos de movimiento de tierra, asentamiento de algunos campamentos y la llegada de maquinaría desde China.

La Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas de la Patagonia (AAAAP) ha presentado un recurso de amparo para detener las obras hasta tanto se respeten las leyes, el cual está pendiente de resolución en la Corte Suprema. Para reforzar esta presentación, la Fundación Banco de Bosques presentó a principios de octubre del 2015 una Acción declarativa con pedido de medida cautelar con pedido de pronta resolución por la gravedad del caso.

Tú puedes ayudar a frenarlo para salvar uno de los lugares más valiosos de Latinoamérica, firmando la petición en bancodebosques.org

Trailer “Dams on the Río Santa Cruz” (documental británico próximo a estrenar).