Durante décadas, los científicos creyeron que los cánceres contagiosos eran una rareza casi exclusiva de unos pocos animales. Sin embargo, un nuevo estudio acaba de ampliar esa lista sumando a los bagres o peces gato de agua dulce.

Investigadores de la Universidad de Vermont en Estados Unidos identificaron el primer cáncer transmisible conocido en peces, un melanoma que pasa de un individuo a otro mediante la transmisión de células tumorales vivas. El hallazgo, publicado en la revista científica Nature, convierte a esta enfermedad en el cuarto tipo de cáncer contagioso documentado en el reino animal.

El descubrimiento no solo sorprende por la especie afectada, sino porque demuestra que algunos tumores pueden comportarse como un organismo infeccioso capaz de sobrevivir fuera del huésped original y colonizar otro cuerpo.

¿Cómo descubrieron este cáncer contagioso?

La historia comenzó en 2012, cuando biólogos observaron que algunos bagres del lago Memphremagog, ubicado entre Vermont en Estados Unidos y Quebec en Canadá, presentaban llamativas manchas negras sobre la cabeza y el cuerpo.

Al principio, los investigadores sospecharon que podía tratarse de un virus o incluso de una enfermedad causada por la contaminación del agua.

Los bagres suelen utilizarse como indicadores de la salud ambiental de los ecosistemas acuáticos, por lo que cualquier anomalía podía reflejar un problema más amplio.

Sin embargo, los análisis revelaron una realidad completamente distinta.

Las lesiones eran melanomas, un tipo de cáncer que en los seres humanos suele asociarse con la exposición a la radiación ultravioleta del Sol. ¿Cómo era posible que peces que viven en el fondo de lagos desarrollaran un tumor de estas características?

Para responder esa pregunta, el equipo secuenció el ADN de los peces y comparó el material genético de los tumores con el de los animales afectados.

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Los resultados fueron sorprendentes. Las células cancerosas eran genéticamente mucho más parecidas entre sí que a los propios peces que las alojaban. En otras palabras, el tumor no nacía en cada individuo, sino que era el mismo cáncer pasando de un animal a otro.

A diferencia de la mayoría de los cánceres, que aparecen por mutaciones dentro del propio organismo, los cánceres transmisibles funcionan de otra manera.

En estos casos, las células tumorales sobreviven después de abandonar al animal enfermo y logran implantarse en otro individuo, donde continúan multiplicándose. Es decir, el tumor actúa casi como si fuera un agente infeccioso.

Hasta ahora, este fenómeno solo se había documentado en muy pocas especies: El tumor facial del demonio de Tasmania, que se transmite mediante mordidas, el tumor venéreo transmisible canino, presente en perros desde hace miles de años y diversos cánceres similares a la leucemia detectados en almejas, mejillones y otros moluscos bivalvos.

El melanoma de los bagres se convierte así en el primer cáncer transmisible registrado en peces y en cualquier especie de agua dulce.


¿Cómo se transmite?

Los investigadores todavía intentan responder esa pregunta. Una de las principales hipótesis apunta al comportamiento reproductivo de estos peces.

Durante la época de desove, los bagres se concentran en grandes grupos en aguas poco profundas, donde mantienen un contacto físico muy estrecho.

Además, al carecer prácticamente de escamas y vivir sobre el fondo de los lagos, rozan constantemente el sedimento, un ambiente donde podrían permanecer células tumorales liberadas por otros individuos. Los científicos creen que esa combinación facilitaría el paso del cáncer de un pez a otro.

Aunque el estudio descarta que un foco puntual de contaminación haya originado la enfermedad, sí encontró un dato llamativo.

Las células cancerosas presentaban concentraciones elevadas de arsénico, un elemento conocido por su capacidad cancerígena.

Además, los lagos donde aparecieron más casos coinciden con regiones donde el arsénico está presente de manera natural en los suelos.

Los investigadores aclaran que todavía no puede afirmarse que este elemento cause el cáncer, pero consideran que podría favorecer su desarrollo o debilitar el sistema inmunológico de los peces.

También plantean que otros factores ambientales, como contaminantes o alteraciones hormonales, podrían aumentar la vulnerabilidad de los animales frente a la enfermedad.

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¿Qué impacto puede tener en la naturaleza?

Todavía no se sabe. Los científicos observaron que algunos bagres gravemente afectados logran sobrevivir durante años, por lo que el cáncer no parece ser inmediatamente letal.

Sin embargo, desconocen cómo podría influir a largo plazo sobre las poblaciones. La experiencia con otras especies demuestra que los resultados pueden ser muy diferentes.

En los demonios de Tasmania, por ejemplo, el cáncer contagioso provocó una fuerte disminución de las poblaciones salvajes.

En cambio, el tumor venéreo de los perros convive con la especie desde hace miles de años sin poner en riesgo su supervivencia.

Comprender cómo evolucionará esta enfermedad en los bagres requerirá varios años de seguimiento.

Un descubrimiento que podría cambiar la investigación sobre el cáncer

Más allá de la curiosidad biológica, los investigadores creen que este hallazgo puede aportar información valiosa para la medicina.

Julie Dragon, una de las autoras del trabajo, explica que estudiar cómo estas células logran sobrevivir fuera de un organismo y colonizar otro puede ayudar a entender mejor los mecanismos que normalmente impiden la propagación del cáncer.

Además, los científicos sospechan que este tipo de enfermedades podrían ser mucho más frecuentes de lo que se pensaba.

Hasta hace pocos años se creía que los cánceres transmisibles eran excepcionales. Sin embargo, los descubrimientos recientes en moluscos y ahora en peces sugieren que podrían existir muchos más casos en la naturaleza que simplemente nunca fueron detectados.

Si esa hipótesis se confirma, el melanoma de estos bagres podría ser apenas el comienzo de una nueva línea de investigación sobre la evolución del cáncer y la forma en que algunas células logran sobrevivir fuera del cuerpo donde nacieron.