Muebles fabricados con redes de pesca: ¿cómo el reciclaje transforma plásticos oceánicos en soluciones sostenibles?.
Cuando se habla de contaminación oceánica, la imagen más frecuente es la de botellas y bolsas flotando en la superficie. Sin embargo, bajo el agua existe un problema menos visible y mucho más persistente: las redes de pesca abandonadas que quedan atrapadas en arrecifes, fondos marinos y áreas protegidas.
Estas “redes fantasma”, fabricadas con nailon de alta resistencia, pueden tardar siglos en degradarse. Durante ese tiempo continúan capturando peces, dañando corales y alterando ecosistemas completos. Su impacto ambiental no termina cuando son descartadas: recién empieza.
Frente a este desafío, el reciclaje y la economía circular ofrecen una respuesta innovadora. Hoy, esas mismas redes pueden convertirse en muebles, juegos y elementos de uso cotidiano, dando una nueva oportunidad a los plásticos oceánicos.
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Economía circular en acción: de residuo marino a mueble sostenible
Las redes de pesca perdidas representan una de las formas más peligrosas de contaminación marina. Al permanecer activas en el fondo del mar, siguen atrapando fauna y afectando la biodiversidad.
Retirarlas no es sencillo. Cada operación requiere buzos profesionales, embarcaciones especializadas y una logística compleja que puede extenderse durante días. Aun así, la urgencia ecológica impulsó el desarrollo de proyectos que combinan limpieza marina y reciclaje sostenible.
Redes fantasma: el plástico invisible que daña el océano
Una vez recuperadas, las redes son trasladadas a plantas de reciclaje donde se procesan y transforman en pellets y paneles plásticos. Estos materiales reciclados luego se utilizan para fabricar muebles, piezas industriales y objetos decorativos. Este proceso no solo reduce residuos en el océano, sino que también disminuye la necesidad de producir plástico virgen, reduciendo la huella ambiental.