Después de una década sin permitir la caza de osos negros, en 2025 Florida decidió volver a poner esta práctica en movimiento. Para la temporada de 2026, además, el estado ofrecerá 215 permisos de caza, 43 más que los otorgados el año pasado, cuando finalmente fueron cazados 52 osos.
El incremento, de aproximadamente 25%, genera preocupación entre organizaciones defensoras de la fauna silvestre.
La nueva temporada de caza comenzará el 5 de diciembre y se extenderá hasta el 28 de diciembre de 2026, en cuatro regiones de Florida. De los 215 permisos, 193 serán distribuidos mediante un sorteo, al que se podrá acceder pagando US$5 por entrada, mientras que los 22 restantes quedarán reservados para grandes propietarios privados cuyos terrenos albergan poblaciones de osos.
La decisión vuelve a poner en el centro del debate una pregunta fundamental para la conservación… ¿Cuál es la mejor manera de proteger una especie y reducir los conflictos con las personas?
Una especie que volvió a ocupar su territorio
El oso negro de Florida es uno de los animales más emblemáticos del estado y el mamífero terrestre más grande de la región.
Durante décadas, la expansión humana, la pérdida de hábitat y la presión sobre sus poblaciones afectaron a estos animales. Con el tiempo, sin embargo, las poblaciones lograron recuperarse en distintas zonas y los osos comenzaron a aparecer nuevamente en lugares donde los seres humanos también habían avanzado.
Ese proceso de recuperación tiene como consecuencia el aumento de los encuentros entre personas y osos.
Los animales pueden acercarse a viviendas, barrios y zonas urbanizadas atraídos por fuentes de alimento, especialmente cuando encuentran basura, comida para mascotas u otros recursos accesibles.
Para las autoridades de Florida, la caza constituye una herramienta para manejar las poblaciones y reducir los conflictos.
Pero las organizaciones ambientalistas plantean que si los osos llegan a los barrios porque los seres humanos ocuparon y fragmentaron sus hábitats, la solución no debería ser necesariamente eliminar a los animales que sobreviven en ellos.
¿Adónde se supone que deben ir?
Desde Humane World for Animals, cuestionaron la estrategia y defendieron la implementación de medidas no letales.
“Si les quitamos su hábitat y nos preguntamos por qué están paseando por nuestro jardín, ¿adónde se supone que deben ir?”, plantearon.
El argumento apunta a que una de las principales causas de los conflictos entre fauna y seres humanos es la transformación de los ecosistemas.
A medida que las ciudades crecen, se construyen nuevas viviendas, carreteras y emprendimientos sobre territorios que históricamente fueron utilizados por animales silvestres. Para especies grandes como los osos, esa fragmentación puede obligarlos a desplazarse por áreas cada vez más cercanas a las personas.
Por eso, los grupos conservacionistas reclaman medidas como una mejor gestión de residuos, campañas de educación para los habitantes, protección de corredores naturales y estrategias para evitar que los osos encuentren alimento en zonas urbanas.
También consideran especialmente importante educar a quienes se mudan al estado sin conocer cómo convivir con la fauna local.
Más permisos, aunque el año pasado se usaron muchos menos
Uno de los puntos más cuestionados de la nueva temporada es precisamente el aumento de los permisos.
En 2025, Florida ofreció 172 cupos y los cazadores terminaron abatiendo 52 osos durante 23 días.
Para 2026, en lugar de mantener o reducir la cifra, el estado decidió elevarla hasta 215.
La decisión se explica, en parte, por el sistema utilizado por la Comisión de Pesca y Vida Silvestre de Florida (FWC) para determinar futuras cuotas. El número de animales efectivamente cazados puede ser utilizado como uno de los indicadores para establecer los permisos de las temporadas siguientes.
Mientras tanto, organizaciones ambientalistas intentarán intervenir directamente en el proceso de asignación para evitar que los permisos terminen en manos de cazadores.
El Sierra Club reactivó su campaña Bag a Tag, Spare a Bear, mediante la cual sus integrantes participan del sorteo con el objetivo de obtener permisos y no utilizarlos.
Otra organización, Bear Warriors United, planea incluso ofrecer dinero a cazadores que obtengan un permiso para que decidan no matar al animal.
Para los defensores de la caza, estas estrategias distorsionan el sistema y podrían provocar que las autoridades aumenten todavía más las cuotas en el futuro.
Los osos enfrentan una amenaza mucho mayor que la caza
Hay otro dato que vuelve especialmente relevante la discusión sobre conservación.
Durante la última década, 1.545 osos murieron atropellados en las rutas de Florida. En ese mismo período, las muertes por todas las causas rondaron las 1.900.
Solo en 2025, las autoridades registraron 219 osos muertos por atropellamientos, la cifra más alta desde 2021.
Esto significa que las carreteras representan una amenaza enorme para estos animales.
La expansión de la infraestructura vial fragmenta los hábitats y, al mismo tiempo, aumenta las posibilidades de que los osos tengan que atravesar rutas para desplazarse entre distintas áreas.
Reducir la velocidad en zonas de paso de fauna, construir corredores ecológicos y pasos de fauna, mejorar la señalización y proteger los territorios que conectan distintas poblaciones son algunas de las herramientas utilizadas en diferentes lugares para disminuir los atropellamientos de animales silvestres.
Una decisión que también cambia la participación ciudadana
La controversia no se limita a la cantidad de animales que podrán morir.
El año pasado, los debates alrededor de la caza fueron extensos y estuvieron marcados por una fuerte oposición de organizaciones ambientalistas y ciudadanos. Ahora, el proceso será diferente.
Una modificación reglamentaria aprobada en 2025 por los comisionados de la FWC trasladó al director ejecutivo de la agencia, Roger Young, la facultad de activar temporadas de caza y establecer cuotas sin necesidad de una nueva aprobación del directorio ni de una instancia de consulta pública.
Los críticos consideran que esta modificación reduce la participación de la ciudadanía en una decisión que tiene consecuencias directas sobre la fauna silvestre.
Los comisionados de la FWC fueron designados por el gobernador Ron DeSantis, lo que agregó una dimensión política a una discusión que, en principio, está vinculada con el manejo y la conservación de una especie.
¿Conservación o control de la población?
Los defensores de la caza sostienen que se trata de una herramienta respaldada científicamente para mantener una población sostenible y reducir los conflictos con los seres humanos.
Los grupos ambientalistas, en cambio, consideran que Florida debería priorizar medidas preventivas y no letales.
El aumento de 172 a 215 permisos vuelve todavía más relevante ese debate.
Porque detrás de cada permiso existe la posibilidad de que un oso muera. Y detrás de cada encuentro entre un oso y una persona existe también un hábitat fragmentado, una ciudad que se expande, una carretera que atraviesa un ecosistema o una fuente de alimento que atrae a un animal hacia un territorio humano.
Por eso, para quienes defienden la conservación de la especie, la pregunta no es solamente cuántos osos puede matar Florida.
La pregunta es qué está haciendo el estado para que los osos puedan seguir viviendo allí sin que la convivencia con los seres humanos termine costándoles la vida.