Durante meses, Magui y Fede vivieron en una pequeña pecera de apenas 40 litros ubicada en la vidriera de un restaurante de sushi. Expuestos al sol, al ruido constante de la calle y a los golpes que algunos niños daban sobre el vidrio al pasar, los dos peces dorados parecían formar parte de la decoración del local. Pero alguien decidió detenerse a mirar más de cerca. Esa observación dio origen a una causa judicial inédita que terminó marcando un antes y un después para los animales acuáticos en Argentina.

Un fallo de la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina, no solo ordenó su rescate y traslado a un ambiente adecuado, sino que además reconoció a ambos peces como "sujetos de derecho" o "seres sintientes", convirtiéndose en el primer antecedente de este tipo para peces en el país. La decisión abre una nueva discusión sobre la forma en que entendemos el bienestar animal y el lugar que ocupan especies que, muchas veces, siguen siendo vistas únicamente como objetos ornamentales.


Peces sujetos de derecho/ Santuario Jaulas Vacías / Federico Sordo @fede.sordo

Un rescate que comenzó con una denuncia

La causa fue impulsada por el santuario antiespecista Jaulas Vacías, que alberga a más de 200 animales rescatados, junto con su abogado, Matías Trufero.

"A mediados de febrero tomamos conocimiento de que dos peces se encontraban en una pecera en la vidriera de un local comercial del barrio de Las Cañitas. Desde el Santuario Jaulas Vacías decidimos realizar la denuncia y, desde el inicio, solicitamos que eventualmente se los declarara sujetos de derecho", contó Trufero en diálogo con Bioguía.

La organización argumentó que las condiciones en las que vivían los animales vulneraban la Ley 14.346, que sanciona el maltrato y los actos de crueldad contra los animales en Argentina.

La Justicia actuó con rapidez. El 24 de abril ordenó un allanamiento para retirar a Magui y Fede de la vidriera y trasladarlos a un espacio adecuado bajo el cuidado de un especialista en peces ornamentales. Poco más de un mes después, el 12 de junio, llegó el fallo que cambiaría para siempre la historia de ambos.

El nuevo hogar de Magui y Fede está muy lejos del pequeño acuario donde pasaron gran parte de su vida. Hoy viven en un estanque de aproximadamente 2.500 litros, con condiciones ambientales especialmente preparadas para su especie.

La diferencia entre ambos escenarios también ayuda a derribar el mito de que pueden vivir cómodamente en pequeñas peceras.

Los peces dorados necesitan grandes volúmenes de agua, filtración constante, buena oxigenación y espacio suficiente para nadar. En ambientes inadecuados sufren estrés crónico, enfermedades y una reducción considerable de su expectativa de vida.


Peces sujetos de derecho/ Santuario Jaulas Vacías / Federico Sordo @fede.sordo

¿Qué significa ser un "sujeto de derecho"?

El aspecto más innovador del fallo no fue únicamente el rescate, sino el reconocimiento jurídico de Magui y Fede como seres sintientes.

En términos legales, esto implica dejar de considerarlos simples bienes muebles o propiedades para reconocer que poseen intereses propios que merecen protección.

"Este fallo es un precedente. Era la primera vez que se declaraba sujetos de derecho a unos peces. A partir de ahora puede ser utilizado en otras causas donde haya animales de esta especie", explicó Trufero a Bioguía.

El abogado señala que la resolución se apoyó en antecedentes nacionales e internacionales que ya habían reconocido derechos a otros animales no humanos, como perros, caballos, chimpancés y orangutanes.

La importancia práctica es fundamental porque si un animal es considerado sujeto de derecho, deja de ser tratado como una cosa dentro de un expediente judicial y pasa a ser la víctima de una situación de maltrato.

El reconocimiento legal de animales como sujetos de derecho no comenzó con Magui y Fede.

Uno de los casos más emblemáticos en Argentina fue el de Sandra, la orangutana que vivía en el antiguo Zoológico de Buenos Aires. En 2014, un fallo histórico la reconoció como "persona no humana", considerando que su cautiverio vulneraba derechos fundamentales.

Años más tarde fue trasladada al santuario Center for Great Apes, en Florida, donde continúa viviendo.

También hubo decisiones judiciales similares respecto de chimpancés, elefantes y otros animales cuya capacidad de sentir dolor, placer, miedo o estrés ha sido ampliamente documentada por la ciencia.

Sin embargo, los peces habían permanecido prácticamente fuera de esa discusión.


Peces sujetos de derecho/ Santuario Jaulas Vacías / Federico Sordo @fede.sordo

¿Los peces sienten?

Durante mucho tiempo predominó la idea de que los peces eran animales "simples", incapaces de experimentar dolor o emociones complejas. Hoy la evidencia científica dice otra cosa.

Investigaciones publicadas durante las últimas dos décadas muestran que los peces poseen sistemas nerviosos complejos, capacidad de aprendizaje, memoria, reconocimiento individual e incluso comportamientos sociales sofisticados.

La Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal, firmada en 2024 por cientos de científicos de todo el mundo, sostiene que existe una sólida evidencia de que numerosos vertebrados, incluidos los peces, poseen experiencias conscientes.

Esto significa que pueden sentir dolor, estrés, bienestar y responder de maneras complejas a las condiciones de su entorno.

Por eso, para muchos especialistas, ofrecerles ambientes adecuados no constituye una cuestión de lujo sino de bienestar animal.


Peces sujetos de derecho/ Santuario Jaulas Vacías / Federico Sordo @fede.sordo

¿Es ilegal tener peces en casa?

El fallo no implica que esté prohibido tener peces como animales de compañía.

Lo que establece es que mantenerlos en condiciones que les provoquen sufrimiento puede constituir maltrato.

"No está prohibido tener un pez en una pecera. Lo que sí está prohibido es mantenerlo en condiciones que le generen crueldad o maltrato, como un espacio inadecuado, falta de alimentación o cualquier otra conducta contemplada por la ley", aclaró Trufero en diálogo con Bioguía.

Cada especie posee necesidades específicas respecto al tamaño del acuario, temperatura, calidad del agua, alimentación y convivencia con otros ejemplares. Ignorar esos requerimientos puede comprometer seriamente su salud.

A diferencia de elefantes, orangutanes o grandes mamíferos, los peces rara vez ocupan un lugar en las discusiones sobre bienestar animal. Sin embargo, son uno de los grupos más comercializados del mundo como mascotas y también uno de los más invisibilizados.

El caso de Magui y Fede invita a replantear esa mirada.

"Un sujeto de derecho poco o nada puede hacer por sí mismo si no hay personas que hablen en nombre de quienes no pueden hacerlo y exijan el cumplimiento de la ley", reflexiona Trufero.

Hoy, lejos de la vidriera donde alguna vez fueron parte del decorado de un restaurante, Magui y Fede viven en un entorno que les permite expresar comportamientos propios de su especie.

Su historia demuestra que un pequeño gesto como detenerse a mirar aquello que casi todos pasaban por alto puede terminar impulsando un cambio con consecuencias mucho más grandes que el destino de dos peces.