Hoy en día no es difícil escuchar hablar sobre el autocuidado y la felicidad personal. Pero, muchas veces, estas palabras quedan como un slogan de compañías que nos ofrecen con publicidades la llave que abre la puerta de un falso bienestar. La realidad es que solo nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón, podemos encontrar eso que nos hace feliz, que nos da bienestar real, y que es tan diferente en cada uno.

Por eso, para que no te confundas, en esta nota podrás conocer algunas cosas que sí son autocuidado y otras que parecen serlo, pero no lo son en verdad.

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No es "autocuidado": la sobreexigencia

Impulsarnos y motivarnos para salir de las zonas de confort es algo que nos empuja a crecer y a atravesar nuestros miedos. Pero presionarnos, buscar cumplir con expectativas más idealistas que realistas, y exigirnos (incluso en nuestro trabajo interno y personal) no es escuchar nuestro cuerpo, mente y corazón; puede ser, incluso, ir en contra de nosotros mismos.

No es "autocuidado": evitar los sentimientos reales por solo hacer foco en lo positivo

¡Cuidado! Una cosa es ser conscientes de que los pensamientos crean realidades y pueden incidir en nuestra manera de ver el mundo y en cómo nos tomamos lo que nos sucede. Pero otra muy diferente es simular estar constantemente bien y positivos, al punto de negar los sentimientos que emergen cuando estamos tristes, solos o angustiados. Esas emociones son reales y genuinas. Aceptarlas es parte de asumirnos tal y como somos.

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No es "autocuidado": poner a los demás delante de uno mismo


Esto no quiere decir ser egoístas ni preocuparnos solo por lo que ocurre alrededor de nuestro ombligo, sino aprender a decir que no, a escuchar lo que nos dice nuestro corazón y a establecer nuestros límites. Los demás pueden ser muy avasallantes con sus demandas, pero nosotros tenemos que aprender a cuidarnos de ellas para no dejarnos de lado a nosotros mismos bajo la voluntad de "ayudar" a los demás.

No es "autocuidado": la felicidad material

Si bien el autocuidado incluye brindarse bienestar personal y considerarse merecedor de ello, no significa que necesariamente esto tenga que ir unido a un consumo excesivo de productos o servicios que se ofrecen con esta lógica.

Por un lado, porque hay aspectos del bienestar que no se compran ni dependen de nada material. A veces, el autocuidado está en algo más pequeño como decidir no ir a un lugar en el que nos sentimos incómodos, pero "deberíamos" ir. Por otro lado, porque seguiríamos dejando nuestro propio bienestar en manos de factores externos, en lugar de generarlos hacia dentro. Entonces, lo material puede ser una herramienta, pero no debería ser el fin en sí mismo.

Sí es "autocuidado": marcar los propios límites

Reconocer los propios límites es la base para poder comunicarlos y ponerlos a jugar en las relaciones con los demás. Aceptar cómo somos es el paso anterior para asumir esos límites y hacerlos valer, sin juzgarlos, sin pensar que deberían ser o no ser de tal o cuál forma. Saber cuándo irnos, cuándo quedarnos, cuándo detener algo, es haber practicado la escucha de nuestro corazón.

Sí es "autocuidado": aceptar los sentimientos

No somos robots ni todo en nosotros puede ser positivo. Podemos estar tristes, enojados, angustiados. Reprimirlo no es una buena opción. Aceptarlo sí lo es, porque ese será el primer paso para poder desentrañar cuál es su razón y qué es lo que podemos aprender de eso que nos pasa.

Sí es "autocuidado": ser genuino

Hoy en día, muchas personas asocian la falta de control con demostrar las emociones; otras prefieren obviar la pregunta real por cómo se sienten, y también hay quienes temen mostrar sus sentimientos. En este contexto, ser genuino es símbolo de autocuidado porque es afirmar quiénes somos, sin importar el qué dirán o lo que se espera de nosotros. Cuidar nuestra esencia, nuestro ser más puro, eso es ya un acto de amor propio.

Sí es "autocuidado": buscar el bienestar real y personal

No hay una receta para el bienestar personal aunque algunas compañías busquen que creamos (y compremos) sus fórmulas. La verdadera clave para el bienestar propio está en escuchar aquello que nos hace bien, lo que nos pide el corazón. No a todos nos hace feliz lo mismo. Encontrarlo es una búsqueda, un camino de errores y aciertos, de exploración. Pero es clave para poder volver, cada vez que necesitemos, a esos lugares que nos hacen sentir bien, ya sean reales o simbólicos.

Fuentes:

The minds journal