Alemania cierra sus granjas de pieles y marca un hito: se trata de una decisión histórica que pone fin a una industria cuestionada por su impacto ético y ambiental

El país anunció el cierre definitivo de todas las granjas de animales destinadas a la producción de pieles, una medida que consolida al país como uno de los referentes europeos en materia de bienestar animal. La decisión implica el fin de una actividad que durante años fue objeto de fuertes críticas por las condiciones de confinamiento y el sufrimiento de especies criadas exclusivamente para la industria de la moda.

La prohibición no surgió de un día para el otro. En los últimos años, el país había endurecido progresivamente las regulaciones sanitarias y de bienestar, exigiendo estándares tan estrictos que muchas explotaciones dejaron de ser viables. Finalmente, el cierre total marca el final de una etapa y responde también a un cambio cultural: cada vez más consumidores rechazan el uso de pieles animales.

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Europa avanza hacia el fin de las granjas de pieles (Imagen: Pinterest)
Europa avanza hacia el fin de las granjas de pieles (Imagen: Pinterest)

Bienestar animal, presión social y transición hacia alternativas sostenibles

Organizaciones ambientalistas y defensoras de los derechos animales celebraron la medida como una victoria histórica. Además del debate ético, diversos estudios han señalado el impacto ambiental de las granjas peleteras, que pueden generar contaminación del agua, emisiones y residuos derivados del tratamiento de las pieles.

En paralelo, la industria textil avanza hacia materiales alternativos, desde fibras recicladas hasta opciones sintéticas de menor impacto y desarrollos biotecnológicos. Grandes marcas internacionales ya habían abandonado el uso de pieles en sus colecciones, impulsadas por la presión social y la transformación del mercado.