Cada año, se vierten unas 39.000 toneladas de ropa en el desierto de Atacama, en Chile. Uno de los sitios más emblemáticos del mundo se ha convertido en un verdadero depósito de prendas sin vender.

El considerado "lugar no polar más árido de la Tierra" es el reflejo de lo que sucede con la contaminación textil: esas montañas de prendas simbolizan el costo del fast fashion o la moda rápida para el ambiente. Pero, ¿cómo el desierto más seco del planeta ha llegado a sufrir estas consecuencias?

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atacama: un desierto de ropa de segunda mano

El origen geográfico de estos artículos es múltiple: se trata de ropa de segunda mano que llegó de Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia, que fue descartada para su reventa.

ropa doblada

Como consecuencia, el desierto de Atacama se ha transformado en un basurero textil que genera gases tóxicos por la descomposición de prendas. Es visitado tanto por quienes buscan ropa para vestir como quienes luego la revenden. Aunque la mayoría son artículos usados, también hay algunos sin uso y con la etiqueta del precio todavía puesta.

A través de la zona franca del puerto de Iquique, Chile es el primer importador de prendas de segunda mano de Latinoamérica. Este gran depósito de ropa es producto de los descartes de las grandes toneladas de prendas que cada año llegan a este país.

Recientemente, el tema ha adquirido repercusión internacional luego de conocerse imágenes del lugar. Esto se ha convertido en un llamado a la reflexión acerca de las consecuencias ambientales de la moda rápida.

¿cómo combatir el descarte textil?

Se estima que la fabricación de ropa y calzado genera el 8% de los gases de efecto invernadero. Las consecuencias del fast fashion son dañinas para los mares y ríos, al igual que para el resto de la naturaleza. Por eso, como consumidor, es clave informarse acerca del origen de las prendas que se adquieren y de cómo se producen.

Comprar local o de segunda mano ayuda a disminuir la sobre-producción de prendas, que luego terminarán en vertederos y contaminando el planeta.

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Elegir materiales más sostenibles también es una manera de reducir el impacto ambiental de la industria textil: telas como el lino o el algodón no generan microplásticos por ser de origen natural.

Por último, compra sólo lo que necesitas, asegurándote de cuidar tus prendas y arreglarlas cuando se rompan. Esto es darles una nueva oportunidad y evitar su descarte innecesario. ¡Recuerda que el mejor residuo es aquel que no se genera!

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Fuente:

El País