Durante décadas, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación fueron analizados como algunas de las principales amenazas ambientales del planeta. Pero existe otro proceso menos visible que conecta a varias de ellas y es la desoxigenación acuática, es decir, la pérdida progresiva del oxígeno disponible en mares, lagos, ríos y zonas costeras.
Un estudio publicado este año en la revista Limnology and Oceanography advierte que esta disminución se aceleró durante las últimas décadas y que sus consecuencias podrían extenderse durante siglos. La investigación fue realizada por científicos vinculados con la Universidad de California, San Diego, la Institución Scripps de Oceanografía y otras universidades estadounidenses.
La preocupación no se limita a que algunos peces tengan menos oxígeno para respirar. Los investigadores señalan que la desoxigenación puede modificar ecosistemas completos, alterar las cadenas alimentarias y afectar procesos químicos fundamentales para el funcionamiento del planeta.
¿Qué es la desoxigenación acuática?
El término describe la disminución de la cantidad de oxígeno disuelto en el agua. Aunque el fenómeno puede ocurrir naturalmente, la actividad humana está acelerando el proceso en distintos ecosistemas.
El oxígeno es fundamental para prácticamente todas las formas de vida acuática. Cuando su concentración disminuye demasiado, algunas especies pueden abandonar determinadas zonas, mientras que otras directamente no consiguen sobrevivir.
El problema es especialmente grave para los organismos más sensibles a los cambios en las condiciones ambientales. Y sus consecuencias pueden propagarse por toda la cadena alimentaria desde pequeños organismos hasta peces de mayor tamaño y depredadores.
La desoxigenación forma parte de un escenario ambiental más amplio que incluye el calentamiento global, la acidificación de los océanos, la contaminación química y la pérdida de biodiversidad.
Por eso, los científicos que participaron del estudio proponen que este fenómeno sea incorporado formalmente al marco de los Límites Planetarios, un sistema desarrollado para identificar procesos fundamentales que permiten mantener la estabilidad del planeta.
¿Por qué el agua está perdiendo oxígeno?
Uno de los principales factores es el aumento de la temperatura. El agua más caliente puede contener menos oxígeno y, además, el calentamiento de la superficie oceánica dificulta la mezcla entre las distintas capas del agua. Esto afecta especialmente la ventilación de las zonas más profundas, donde el intercambio con la atmósfera es menor.
Pero también se debe a la contaminación por nutrientes. Cuando sustancias como nitrógeno y fósforo llegan en exceso a los ecosistemas acuáticos, pueden favorecer una proliferación acelerada de algas. Cuando esas algas mueren y se descomponen, los microorganismos responsables del proceso consumen grandes cantidades de oxígeno.
El resultado puede ser la aparición de zonas con concentraciones extremadamente bajas de oxígeno, conocidas como zonas hipóxicas. En los casos más extremos, pueden convertirse en ambientes prácticamente incompatibles con buena parte de la vida acuática.
La reducción del oxígeno puede modificar la estructura completa de un ecosistema. Las especies que necesitan mayores concentraciones de oxígeno son generalmente las primeras en verse afectadas. Algunas pueden desplazarse hacia otras áreas, mientras que las que no tienen esa posibilidad quedan expuestas a condiciones cada vez más difíciles.
Esto genera cambios en las relaciones entre depredadores y presas y puede modificar la distribución de distintas especies.
Los efectos también pueden alcanzar a animales que no respiran directamente el oxígeno del agua. Los mamíferos marinos, por ejemplo, respiran aire atmosférico, pero dependen de ecosistemas acuáticos saludables para conseguir alimento. Si desaparecen o se desplazan sus presas, también cambia el ambiente del que dependen para sobrevivir.
Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es que la desoxigenación es que también puede afectar procesos que ayudan a regular la crisis climática.
La reducción del oxígeno altera ciclos biogeoquímicos, como el del nitrógeno, y puede debilitar algunos de los mecanismos mediante los cuales los ecosistemas acuáticos almacenan carbono.
Esto lo que genera es que el calentamiento contribuye a reducir el oxígeno del agua y, al mismo tiempo, algunos de los cambios producidos por esa pérdida pueden afectar la capacidad de los ecosistemas para contribuir a la regulación del clima.
En otras palabras, el cambio climático y la desoxigenación pueden reforzarse mutuamente dentro de sistemas naturales cada vez más sometidos a presión.
¿Puede ser irreversible?
Los investigadores advierten que algunos de los efectos asociados a la pérdida de oxígeno podrían persistir durante períodos muy prolongados, incluso durante siglos.
Esto no significa que todos los ecosistemas que pierden oxígeno estén condenados a desaparecer. La magnitud del impacto dependerá de las condiciones de cada ambiente y de las medidas que se adopten para reducir las causas del fenómeno.
Sin embargo, la advertencia apunta a recuperar un ecosistema puede ser mucho más difícil que evitar que llegue a un punto crítico.
Por eso, además de reducir las emisiones que impulsan el calentamiento global, los científicos destacan la importancia de controlar la contaminación por nutrientes y proteger la calidad de los ambientes acuáticos.
La desoxigenación tiene la particularidad de que no siempre es visible. A diferencia de un incendio, una inundación o una sequía extrema, la pérdida de oxígeno puede avanzar debajo de la superficie sin que exista una señal evidente para quienes observan el ecosistema desde afuera. Pero sus consecuencias pueden ser profundas.
La investigación plantea que incorporar la desoxigenación al análisis de los grandes riesgos ambientales permitiría comprender mejor cómo interactúan las distintas crisis que enfrenta el planeta.
Como señala Lisa Levin, oceanógrafa de la Institución Scripps de Oceanografía, incluir este proceso dentro del marco de los Límites Planetarios ayudaría a comprender mejor sus efectos sobre la estabilidad de la Tierra.
El mensaje de los investigadores es claro: el oxígeno del agua también es un indicador de la salud del planeta. Y su pérdida puede convertirse en una de las señales más importantes de cuánto están cambiando los ecosistemas acuáticos como consecuencia de la presión humana.