Se llama estrés al estado de cansancio mental provocado por la exigencia de rendimiento, que suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.

No hace falta explicar que gran parte de las personas lleva hoy en día una vida estresante. Las grandes ciudades, en las que cada vez vive más gente, son en sí mismas una oferta constante de imágenes, ruidos, carteles, vidrieras y entretenimientos que pelean por llamar la atención de quienes viven en ellas, que además están ocupados y apurados por llegar a trabajar, a estudiar, a cumplir con sus obligaciones sociales y a darse tiempo para hacer también lo que realmente les gusta.

Y esto sin mencionar la información y los requerimientos que nos llegan constantemente desde el teléfono móvil: mensajes de amigos, mails de trabajo, publicidades, y una oferta interminable de posteos y noticias en las redes que demandan nuestra atención constante. 

En Estados Unidos, según American Psychological Association, la tercera parte de la población vive en un estado de estrés extremo, mientras que el 48 % considera que su estrés ha aumentado en los últimos cinco años.

América Latina no está exenta de este problema. En México, por ejemplo, se calcula que entre 30 y 40% de las personas sufre de estrés.

Si no estás seguro de cuánto está incidiendo el estrés tu vida, puedes chequear estas 6 señales de que el estrés te está afectando más de la cuenta.

En los últimos años, muchas de estas personas comenzaron a informarse, a tomar conciencia del estado de estrés y a intentar revertirlo. Éste puede reducirse con ejercicios de relajación, con yoga, con meditación y con técnicas de respiración; e intentando, por supuesto, reducir la presión y evitar las situaciones que lo causan. 

Además, algunos estudios recientes han puesto de manifiesto un detalle que puede ser muy revelador: el efecto que el silencio tiene sobre nuestro cerebro puede ser el mejor antídoto contra el estrés. Así es: la respuesta para combatir el estrés causado por el ajetreo de estar constantemente cumpliendo objetivos, relacionándose con personas, aprendiendo cosas nuevas o recibiendo información y desarrollando actividades, podría estar simplemente en reservar unos minutos al día para estar en silencio absoluto.

En realidad, pensar en el silencio como antídoto contra el estrés no es algo tan nuevo; la meditación consiste en estar no solo en silencio por fuera, sino en buscar un silencio mental, y es sabido que muchos han superado el estrés por medio de ella.

Pero lo novedoso es que un estudio realizado por científicos alemanes ha encontrado que el efecto del silencio sobre el cerebro puede ser tan grande que puede favorecer la regeneración neuronal y el crecimiento de células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y el aprendizaje.

Esta información se complementa con estudios previos que sostienen que el silencio permite al cerebro dar sentido a la información, y ayuda a conservar la memoria y a ser más flexibles ante los cambios.

Según explican investigadores de varias universidades estadounidenses, cuando permanecemos en silencio se activan cadenas neuronales que ante el mínimo estímulo se rompen. Además, estos momentos de silencio o de diálogo con nosotros mismos son indispensables porque durante ellos se forja nuestra identidad. 

Por último, el ruido y el estrés tienen una relación física: las ondas de sonido provocan vibraciones en los pequeños huesos del oído que se convierten en señales eléctricas que llegan hasta el cerebro. El cuerpo está programado para reaccionar a ellas poniéndose en estado de alerta y generando hormonas como la adrenalina y el cortisol. Por esa causa, estudios han demostrado, por ejemplo, que niños que viven en zonas cercanas a estaciones de tren tienen mayores niveles de estrés. 

En conclusión, a veces recordar algo tan fundamental como la importancia de tener algunos minutos al día u horas a la semana para dedicarnos a nosotros mismos puede ser un primer paso necesario para combatir el estrés. Y en esos minutos de soledad, quizás lo que necesitemos no sea más que quedarnos en silencio.