La meditación, especialmente la que está rentada a la conciencia plena o mindfulness, es una ancestral técnica budista que en los últimos años se ha popularizado en occidente.

No es para menos: en un mundo acelerado, la meditación invita a tomarse un tiempo para aquietar la mente, y vivir en el presente. Aparece, entonces, como una gran aliada para momentos de extrema ansiedad.

Las personas que practican regularmente la meditación suelen decir que se sienten mejor desde que lo hacen, psicológica e incluso físicamente. Esto, sumado al auge de esta práctica, ha llevado a que muchos científicos se interesen por el tema.

Así es que se han realizado diversos estudios para comprobar hasta qué punto la meditación tiene influencia real en el cerebro humano. Los resultados son asombrosos, ya que las diferencias en el cerebro de las personas que meditan y las que no son notables.

La amígdala y la disminución del estrés

A través de imágenes de resonancia magnética, se ha evaluado el cerebro de una persona antes y después de practicar la meditación durante 8 semanas. El estudio encontró que la amígdala cerebral tendió a encogerse después de este tiempo.

Esta región del cerebro está ligada a la respuesta ante el estrés. A medida que la amígdala se encoge, la corteza cerebral prefrontal se agranda. La misma está ligada a funciones cerebrales como la conciencia, la concentración y la toma de decisiones.

También cambian las conexiones entre estas partes y el resto del cerebro. A la vez que las conexiones de la amígdala se debilitan, las de la corteza prefrontal se agrandan.

Todos estos cambios se vinculan a cuestiones muy específicas: al encogerse la amígdala y debilitarse sus conexiones con el resto del cerebro, nuestra reacción ante el estrés es más controlada.

Nos afectan menos las situaciones de tensión, a las que, gracias al engrosamiento de la corteza prefrontal, podemos encontrarles una respuesta más pensante. Es decir: la meditación prepara al cerebro para reaccionar de manera tranquila y racional ante situaciones estresantes.

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Cómo sentir el dolor

Los meditadores expertos aseguran sentir menos dolor que quienes no practican la meditación.

Sin embargo, mientras que todos los métodos de disminución del dolor (incluidas las drogas) reducen la actividad en ciertas zonas del cerebro, la meditación no lo hace. Al explorarse el cerebro de los meditadores, incluso se nota un ligero aumento de actividad en las zonas vinculadas al dolor.

¿Por qué, entonces, quienes meditan sienten menos dolor? ¿Mienten acaso?

La respuesta científica parece tener que ver, nuevamente, con las conexiones cerebrales. En verdad, la meditación debilita la conexión entre el dolor y la sensación desagradable que este produce.

Es decir, que los meditadores avanzados son capaces de bloquear la sensaciones de desagrado, estrés, y malestar que produce el dolor, y por lo tanto, tienen mucha mayor tolerancia al mismo.

Un cambio permanente

Lo más interesante es que los llamados meditadores expertos (es decir, con cientos de horas de práctica) mantienen los cambios en el cerebro incluso aunque pasen algún tiempo sin meditar.

De hecho, su cerebro en reposo se ve similar, cuando se escanea, a la forma en que lo hace una persona normal cuando está meditando.

Es decir, que la práctica regular de la meditación puede cambiar de forma permanente el cerebro, y entonces, el estado meditativo se convierte en parte de la vida diaria.

Los estudios sobre el tema están recién en sus comienzos, pero los científicos ven con esperanza que las investigaciones en esta dirección podrán ayudar a muchas personas a superar problemas como el estrés, la ansiedad u otros desórdenes psicológicos.

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