Para algunas personas los malestares no terminan a las dos semanas de haberse contagiado, o incluso después de recibir una prueba PCR negativa. La parosmia es una nueva secuela del Covid-19 que sale a la luz. Provoca asco al comer, cocinar y hasta de besar a tu pareja.

Las estadísticas indican que más del 60% de las personas enfermas de Covid-19 experimentan anosmia, es decir, una pérdida total o parcial del olfato. Esta puede ir acompañada de la ausencia del gusto. Sin embargo, la parasmia no es igual, ya que en vez de perderse el olfato, los que la padecen sufren cambios y distorsiones en la percepción normal de los olores.

Y aunque se trata de un sentido que generalmente es susbestimado, la parosmia puede convertirse en una verdadera pesadilla. Debido a que hace que los olores que antes eran agradables y atractivos ahora sólo causen repulsión.

El caso de Clare Freer

Una mujer de 47 años relató su experiencia con la parosmia, el cual fue publicado por BBC News. Aquí demuestra con palabras cómo perdió calidad de vida a causa de este trastorno olfativo.

Freer explica que enfermó de Covid-19 en marzo de 2020. Al tiempo de recuperarse también recobró el olfato. Pero un mes más tarde comenzó a notar que algunas de sus comidas favoritas despedían un olor rancio. Una sensación que siguió creciendo y a los pocos días, descubrió que el olor del café, distintas frutas, la pasta de dientes o el horno le provocaban intensas náuseas.

Incluso el olor de sus seres queridos cambió radicalmente y según su testimonio, ahora ya ni siquiera puede besar a su pareja sin experimentar un olor repugnante.

¿Qué causa la parosmia?

Esta afección es considerada un trastorno olfativo y por el hecho de que se trata de un ámbito en la medicina poco estudiado, no se cuenta con un tratamiento desarrollado.

Aún no está del todo claro por qué ocurre la parosmia. Sin embargo, la hipótesis más aceptada es que una vez que el virus se instala en la cavidad nasal, afecta los tejidos que alojan a las neuronas sensoriales olfativas. Las cuales se encargan de percibir los olores y conectan con las terminales del bulbo olfatorio en el cerebro.

Como el virus daña la capacidad de estas neuronas para estimular los diversos receptores olfativos, se genera un trastorno. Originado que los mensajes enviados al cerebro para identificar los olores contengan información errónea. En la mayoría de los casos, lo que antes evocaba sensaciones agradables, ahora provoca repugnancia y asco.

La recomendación de los especialistas como neurólogos y otorrinolaringólogos es dejar de consumir comida caliente durante un tiempo y evitar alimentos muy condimentados. Con la esperanza de que las células dañadas vuelvan a trabajar correctamente después de luchar contra el virus.

Fuente: Shutterstock

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