En Japón crean bolsas que se disuelven en agua y cuidan el océano. Se trata de emboltorios biodegradables hechos con fécula de patata, una alternativa que protege la vida marina
En medio de la crisis global por la contaminación de los océanos, una innovación desarrollada en Japón vuelve a poner el foco en las alternativas sustentables que no dejan residuos tóxicos ni microplásticos.
A diferencia de las bolsas plásticas tradicionales derivadas del petróleo, este desarrollo apunta a reducir el impacto ambiental en mares y ríos, donde millones de toneladas de desechos afectan cada año a peces, aves y otras especies.
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Cómo funcionan estas bolsas ecológicas
El componente principal es el almidón de patata, un polímero natural que permite crear un material resistente para el uso cotidiano, pero que se degrada rápidamente en contacto con el agua.
Cuando la bolsa se sumerge, comienza a desintegrarse sin liberar sustancias nocivas. Esto representa una ventaja clave frente al plástico convencional, que puede tardar cientos de años en fragmentarse y convertirse en partículas diminutas que ingresan en la cadena alimentaria.
Por qué son importantes para el océano
La contaminación por plásticos es una de las mayores amenazas ambientales del siglo XXI. Cada año, millones de residuos terminan en océanos y ríos, afectando ecosistemas enteros y poniendo en riesgo a innumerables especies. Bolsas descartables, envoltorios y envases se fragmentan en microplásticos que ingresan en la cadena alimentaria, provocando asfixia, ingestión accidental y graves daños en la fauna.
Frente a este escenario, las bolsas elaboradas con fécula vegetal surgen como una opción compostable y segura. Al degradarse sin dejar residuos tóxicos, reducen el impacto sobre la biodiversidad marina y promueven un modelo de consumo más consciente, alineado con la necesidad urgente de transformar nuestros hábitos y proteger la vida en el planeta.
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