Venezuela ya no tiene glaciares: cómo desapareció el último hielo del país y qué consecuencias deja

Venezuela entró en la historia climática por una razón alarmante. El país que alguna vez supo tener glaciares imponentes dijo adiós al último que quedaba. En mayo de 2024, científicos confirmaron que el glaciar Humboldt, también conocido como La Corona, perdió tanto volumen que dejó de cumplir con los criterios mínimos para ser considerado un glaciar y fue reclasificado como un campo de hielo. Con esa decisión, el país se convirtió en el primero de la cordillera andina en quedarse sin glaciares en tiempos modernos.

El glaciar Humboldt estaba ubicado cerca de la cima del Pico Humboldt, la segunda montaña más alta de Venezuela, dentro de la Sierra Nevada de Mérida. Durante décadas fue el último vestigio de una red de seis glaciares que cubrían esta zona montañosa del oeste venezolano. Hace poco más de un siglo, el país tenía cerca de 1.000 hectáreas de hielo permanente distribuidas en varias cumbres andinas. Para 2011, cinco de esos glaciares ya habían desaparecido. Solo quedaba Humboldt.

Glaciar Pico Humboldt / Wikimedia Commons
Glaciar Pico Humboldt / Wikimedia Commons

Un retroceso acelerado

La desaparición no ocurrió de un día para otro. Fue el resultado de más de cien años de aumento de temperatura y reducción progresiva del hielo. Investigaciones científicas muestran que entre 1952 y 2019 Venezuela perdió el 98% de su superficie glaciar. El ritmo del derretimiento incluso se aceleró después de 1998.

En 2019 todavía se creía que el glaciar Humboldt podría sobrevivir una o dos décadas más. Sin embargo, nuevas mediciones realizadas tras una expedición en 2023 mostraron que se había reducido de unas 4 hectáreas a menos de 2 hectáreas. Ese tamaño ya no era suficiente para mantener el movimiento natural del hielo, una de las características esenciales de un glaciar. Sin acumulación de nieve nueva y sin capacidad de desplazarse por su propio peso, pasó a ser simplemente una masa estática de hielo residual.

Los especialistas atribuyen esta aceleración al calentamiento global y también al impacto reciente de eventos como El Niño, que elevaron aún más las temperaturas en zonas tropicales de alta montaña.

Glaciar Pico Humboldt / Wikimedia Commons
Glaciar Pico Humboldt / Wikimedia Commons

¿Por qué importa perder un glaciar?

Aunque Venezuela no dependía fuertemente de sus glaciares para abastecer de agua a grandes ciudades —como sí ocurre en Perú o Bolivia— la desaparición del Humboldt tiene consecuencias importantes.

Primero porque se pierde una reserva natural de agua. Los glaciares funcionan como reservas estratégicas que liberan agua lentamente durante épocas secas. En Venezuela su aporte hídrico era más limitado, pero seguía siendo importante para lagunas, suelos de alta montaña y ecosistemas locales. Al desaparecer el hielo, esa regulación natural también desaparece.

Además, es un riesgo para ecosistemas únicos. En torno al glaciar existía un ecosistema extremadamente frágil: microorganismos adaptados al frío, suelos jóvenes, lagunas proglaciares y especies vegetales y animales de altura. Científicos advirtieron en 2024 que ese ecosistema glaciar tropical de la Cordillera de Mérida está en riesgo crítico de colapso inminente.

Por otra parte se suma el impacto cultural e identitario. Las nieves eternas formaban parte del imaginario andino venezolano. Para generaciones de habitantes de Mérida, montañistas, guías turísticos y visitantes, las cumbres nevadas eran símbolo nacional. Su desaparición modifica el paisaje y borra un rasgo histórico de la identidad regional.

Funciona también como un golpe al turismo de montaña. La Sierra Nevada de Mérida fue durante décadas un destino asociado a nieve tropical, trekking y montañismo. Sin glaciares, cambia el atractivo natural y también las condiciones de ascenso, lo que podría afectar la actividad turística.

En 2023 el gobierno venezolano cubrió parte del glaciar con mantas térmicas geotextiles, una técnica utilizada en algunos glaciares europeos para reducir el derretimiento estacional. Pero numerosos científicos señalaron que la medida tenía escaso efecto frente a un proceso estructural impulsado por el calentamiento global. Finalmente no logró revertir la pérdida.

Una advertencia para toda América Latina

Lo ocurrido en Venezuela es visto como una señal de lo que puede pasar en otros países tropicales y andinos. Especialistas advierten que Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia también enfrentan retrocesos acelerados de sus glaciares. Incluso México e Indonesia aparecen entre los próximos países en riesgo de perder sus últimas masas de hielo.

Esto cobra particular importancia en países como Argentina, donde hace algunas semanas se sancionó en el Congreso una nueva ley de glaciares que deja más desprotegidas areas periglaciares de actividades como la minería.

Más allá del tamaño del glaciar Humboldt, su desaparición tiene un peso simbólico enorme. Demuestra que la crisis climática ya no es una amenaza futura ni un fenómeno lejano de los polos: también borra ecosistemas enteros en montañas tropicales de América Latina.

Venezuela perdió su último glaciar, pero el verdadero mensaje va mucho más allá de sus fronteras. Cuando desaparece una masa de hielo que sobrevivió siglos, lo que se derrite también es el margen de tiempo para actuar frente al cambio climático.