Mucho se habla sobre el futuro que está emergiendo, hay diversas perspectivas sobre lo que podría o debería cambiar y lo que no. Entre el abanico de opiniones, una que me ha llamado la atención es la de Tony Seba, profesor de emprendimiento, disrupción y energía en la Universidad de Standford, Estados Unidos. Su investigación ha estado enfocada a estudiar patrones exponenciales de disrupción a partir del análisis histórico.

En su reciente estudio “Rethinking Humanity” menciona que no estamos viviendo otra Revolución Industrial, sino más bien un cambio fundamental. Podría ser el comienzo de la tercera edad de la humanidad - la Era de la Libertad.

Según postula, para entender el presente y prospectar el futuro es útil comprender patrones históricos. Por ejemplo, la historia indica que las principales civilizaciones desde Çatalhöyük y Sumeria a Babilonia y Roma evolucionaron gracias a la combinación de capacidades organizacionales y tecnológicas. Mientras las capacidades tecnológicas dictan el potencial de cualquier civilización, el sistema de organización determina qué tan cerca de este potencial puede llegar una sociedad.

Estas civilizaciones cayeron dado que llegaron a los límites de su capacidad para organizar a la sociedad y resolver los problemas, cuando comenzaron a ver un posible colapso, miraron hacia atrás e intentaron recuperar los días de gloria en lugar de adaptarse. El resultado fue el descenso a una edad oscura.

Y hoy enfrentamos el mismo dilema, estamos experimentando un aumento de la desigualdad, extremismo y populismo, deterioro de los procesos de toma de decisiones, desconfianza en la democracia, inestabilidad al hipotecar el futuro para pagar el presente, degradación ecológica y cambio climático, todos signos de que nuestra civilización ha alcanzado y traspasado sus límites.

personas ciudad

Tenemos la elección de colapsar hacia una era de oscuridad o pasar a un nuevo sistema de organización que nos permitirá florecer en una era de libertad. Tal movimiento no será fácil, no solo necesitamos repensar las instituciones que gestionan nuestras sociedades, sino también los mismos conceptos sobre los que se basan.

Democracia, capitalismo y estados nacionales pueden parecer verdades fundamentales, pero son meramente constructos creados por las personas que surgieron y evolucionaron en un sistema de organización. En la nueva era, es posible que se vuelvan redundantes.

De esta manera, el futuro pertenecerá a aquellas sociedades que puedan tomar las decisiones tecnológicas correctas, reorganizar su gobierno y sus sistemas de creencias para aprovechar las oportunidades de crecimiento exponencial que tenemos frente a nosotros. Para pasar de la extracción a la creación, de la escasez a la plenitud, de la desigualdad y competencia depredadora a la prosperidad y colaboración compartida.