En la región carioca de Maranhão hallamos una de las bellezas paisajísticas más raras y paradisíacas que jamás hayamos presenciado. Protegido por los ríos Preguiças, Negro y Grande, sus 155 mil hectáreas nos regalan escenarios bucólicos que hacen volar nuestra imaginación.

A unas 4 horas de São Luis, la capital estatal, nos topamos con un original entorno que aúna dunas de hasta 50 metros de altura y lagunas de color azul verdoso. Su extensión ocupa 70 kilómetros de costa y se adentra 50 kilómetros en dirección interior.

Entre sus atractivos más populares encontramos el Lago Azul y el Lago Bonita cerca de Barreirinhas, el Lago Tropical cerca de la primitiva y acogedora localidad de Atins y el Lago da Gaivota cerca de Santo Amaro. Todos ellos son auténticos oasis vigilados por formidables palmeras que nos transportan a un mundo distinto.

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Los interesados en conocer los hábitos y la hospitalidad local podrán descubrir pueblos como Queimada dos Britos, Baixa Grande, Mandacaru o Caburé. Allí degustarán la variada cocina local donde predomina el marisco y el pescado fresco, la gallina guisada, la carne de cabra en leche de coco y los helados de frutas típicas.

Los más aventureros tendrán la oportunidad de surcar las montañas arenosas en un todoterreno para sacar el máximo jugo a la experiencia. Si quieres llevar tu aventura al límite podrías contratar un vuelo para divisar esta asombrosa maravilla natural desde el aire.

La época ideal para la visita es entre junio y septiembre, pues al final del año los lagos comienzan a secarse y a partir de enero se llenan progresivamente gracias a la lluvia. El acceso a este refugio de aventureros y pescadores está permitido todo el año, pero programa adecuadamente tu viaje si deseas gozar del medio en su máximo esplendor y bañarte para combatir las altas temperaturas.

Con la crecida de las precipitaciones el panorama cambia drásticamente, pasando de un horizonte formado por campos de arena a una mezcla de bancos blanquecinos con lagunas de agua dulce y manglares. Sus extraordinarias playas son el hogar de animales marinos como cangrejos y tortugas y de numerosas aves migratorias.

Incluido en la popular Ruta de las Emociones, este ecosistema fue debidamente reconocido y protegido desde el año 1981. No esperes encontrar cómodas carreteras para llegar a tu destino final, en muchas ocasiones deberás recorrer las dunas a pie así que requerirás de la presencia de un guía familiarizado con el terreno.

La colorida artesanía de la región es impactante. Los bolsos, los sombreros, las toallas y otros accesorios son muy demandados. En las tiendas de las principales comunidades podréis obtener preciosos artículos hechos a mano a base de buriti, madera, cuero y cerámica.

Es casi imposible encontrar las palabras adecuadas que hagan justicia a la belleza de este lugar de ensueño. Nos recreamos en uno de los entornos más surrealistas y deslumbrantes que jamás hayamos pisado, en medio de una calma mágica, donde perdemos la noción del tiempo. El simple hecho de caminar por la arena infinita y observar un horizonte de colores es ya la recompensa en sí misma…

“Buena voluntad hace que el camino sea más corto”, Proverbio brasileño.