Los lobos de Chernóbil sobrevivieron a la radiación y desarrollaron una sorprendente resistencia biológica: durante décadas, la zona de exclusión de la central nuclear ucraniana fue sinónimo de muerte y abandono.
Sin embargo, lejos de desaparecer, algunas especies no solo sobrevivieron al desastre nuclear de 1986, sino que comenzaron a mostrar adaptaciones inesperadas. Entre ellas, los lobos grises se convirtieron en protagonistas de un fenómeno que hoy intriga a la ciencia: una posible resistencia genética frente a los efectos más dañinos de la radiación.
Cómo la vida animal prosperó en la zona de exclusión de Chernóbil
Tras la explosión del reactor nuclear, los humanos fueron evacuados y nunca regresaron. Lo que quedó fue un territorio marcado por la radiación, edificios en ruinas y naturaleza en silencio. Contra todo pronóstico, animales como ciervos, jabalíes y especialmente lobos comenzaron a ocupar ese espacio sin presencia humana.
Hoy, la población de lobos en la zona de exclusión de Chernóbil es significativamente mayor que en regiones vecinas, lo que despertó el interés de biólogos y genetistas de todo el mundo.
El estudio científico que reveló la “armadura genética” de los lobos
En 2024, los biólogos Cara Love y Shane Campbell-Stanton investigaron cómo los animales responden a la exposición prolongada a la radiación. Para ello, colocaron collares GPS y dosímetros a lobos que habitan la zona, midiendo tanto sus desplazamientos como los niveles de radiación diaria.
Los resultados fueron impactantes: estos lobos reciben hasta seis veces más radiación que el límite considerado seguro para los humanos, sin mostrar un aumento significativo de enfermedades graves.
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Un sistema inmune fortalecido frente al cáncer
El hallazgo más sorprendente fue biológico. Los análisis revelaron que los lobos de Chernóbil desarrollaron un sistema inmune alterado, capaz de suprimir genes asociados al cáncer y activar otros vinculados a la defensa celular.
Según los investigadores, esta respuesta inmunológica se asemeja a la observada en pacientes humanos que reciben radioterapia, lo que abre nuevas preguntas sobre cómo la radiación puede influir en la evolución de mecanismos de defensa en los mamíferos.
Radiación, evolución y la ausencia humana
Los científicos advierten que la radiación no sería el único factor detrás de esta adaptación. La ausencia total de actividad humana —caza, contaminación industrial, urbanización— pudo haber creado un entorno donde los lobos prosperaron sin amenazas externas.
Esta combinación de aislamiento, presión ambiental extrema y tiempo podría haber acelerado procesos evolutivos que, en otros contextos, tardarían siglos.
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