Los problemas ambientales que enfrentamos en la actualidad están íntimamente vinculados a nuestra manera de vivir. Son consecuencia y espejo de nuestra manera de extraer recursos del ambiente, de producir bienes y servicios, de consumirlos de manera desenfrenada y finalmente de nuestra manera de gestionar los residuos que estos productos generan.

Se podría decir que mucho tiene que ver con los hábitos adoptados el último siglo. A lo largo de estos años, hemos creado la ilusión de que somos una especie separada de la naturaleza, que podemos destruir, diseñar y transformar a nuestro gusto sin que eso nos afecte. Poco a poco, nos damos cuenta de que no es así.

contaminación

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La manera en la que tratamos a la naturaleza es la manera en la que nos tratamos a nosotros mismos, ya que somos una parte más dentro de la red diversa e interconectada que forma este planeta.

Con este cambio de conciencia afloran cuestionamientos asociados a nuestros hábitos. ¿Podemos transformar costumbres que están arraigadas fuertemente en la sociedad? Por supuesto que sí... pero el quid de la cuestión es ver cómo lo hacemos. Estamos inmersos en una cultura de lo inmediato, todo debe suceder ya (para observar rápidamente un resultado o para postearlo instantáneamente en las redes). Sin embargo, los cambios de hábitos requieren un proceso totalmente opuesto, un proceso lento y profundo.

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Son muchos los hábitos nuevos que podemos incorporar para vivir en sintonía con el ambiente. Para que no sean sólo parte de una moda pasajera, debemos entender los sistemas extractivistas de los cuales dependemos, entender qué consumimos y cómo consumimos, apropiarnos del vínculo con nuestro entorno y con la naturaleza, hacerlo a nuestro tiempo y con nuestro estilo. No existen recetas ni fórmulas exactas.

¿Cómo podemos comenzar? El primer paso es preguntarnos si es necesario consumir un producto, comprender qué necesidad va a suplir, preguntarnos qué consumimos cuando compramos un producto, con qué materiales está realizado, quién lo fabricó, de dónde proviene, cuál es su vida útil, qué residuos generará una vez usado. Debemos entender toda la cadena de producción de cada producto y servicio que consumimos, los impactos negativos socioambientales que generamos en nuestra vida cotidiana, y plantearnos si en este momento y con el contexto donde estamos inmersos, podemos adoptar ese nuevo hábito y por último, y más importante, sostener ese cambio en el tiempo.

Brote y tierra.

Uno de los secretos del éxito: movernos en los miles de grises que existen entre el blanco y el negro, dejar los extremos y la autoexigencia y comprender que a veces no podemos ser del todo coherentes con lo que nos proponemos, ya que no todo depende de nuestra acción individual. Alegrarnos día a día por estar dando lo mejor de nosotros para tener una vida amigable y equilibrada con la naturaleza y dejar menos huellas (negativas) en el camino.

11 hábitos fáciles de incorporar

1- Rechazar plásticos de un sólo uso (para esto es práctico tener a mano siempre bolsas de tela, y también un vaso y cubiertos de uso propio).

2- Elegir, cuando sea posible, consumir productos que no tengan envoltorio plástico o que estén hechos de otros materiales como el vidrio o la madera. Ejemplos: shampoo sólido sin envoltorio plástico, cepillo de dientes de madera, toallas reutilizables y no descartables, botella reutilizable, etc.

sin plastico zero waste
Reducir el consumo de plástico es un hábito importante para cuidar el ambiente.

3- Elegir consumir verduras y frutas de estación, de productores locales y agroecológicos.

4- Investigar de donde provienen los productos que consumimos, conocer la empresa, sus métodos de producción y si posee políticas sostenibles.

5- Separar los residuos, como por ejemplo: separar en origen los residuos orgánicos para que estos se reciclan a través de un compost, el cual puede hacerse en un balcón, en la cocina o en un patio o jardín. Separar los residuos inorgánicos como papel, cartón, plásticos, metales y vidrios (cuando existe una gestión integral de los reciclables en la localidad de residencia).

separar residuos

6- Tener plantas nativas en el hogar para atraer insectos y mariposas (para lo mismo se puede investigar sobre especies según cada región).

7- Tener una huerta en tierra o en macetas.

8- Usar eficientemente y responsablemente el agua y la energía eléctrica.

9- Incorporar la bici o la caminata como medio de transporte.

Mujer en bicicleta.

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10- Informarse acerca de temáticas ambientales a través de libros, foros, podcasts, congresos científicos, revistas y medios de divulgación científica,

11- Visitar y conocer Reservas, asociaciones y organizaciones que trabajan la temática e involucrarse mediante acciones concretas como voluntariados.

¿Esto quiere decir que la acción individual es suficiente? Si bien cada uno de nosotros genera cambios a nivel personal, al transformar nuestros hábitos adoptamos una mirada holística del mundo.

Transformamos el pensamiento individualista en uno colectivo a través del vínculo con productores de la zona en la que habitamos, del conocimiento de las problemáticas particulares de cada lugar, de crear lazos con la comunidad, de comprender los ciclos naturales de los cultivos y de disminuir la cantidad de basura que generamos.

Esta década propone acciones concretas ante el cambio climático. La acción climática necesita de políticas nacionales e internacionales urgentes y efectivas para lograr transformaciones duraderas y a su vez, necesita de personas que estén dispuestas a reflexionar, cuestionar, salir de su zona de confort y descubrir nuevas formas de habitar, día a día, paso a paso. Este año que comienza puede ser un buen punto de partida.

¿Y tú, qué hábitos has incorporado en este último tiempo? ¡Cuéntanos en los comentarios!