Mitsubishi es una corporación japonesa conformada por numerosas divisiones y empresas descentralizadas. Si bien su nombre es mayormente conocido como parte de la industria automotriz, en los últimos años ha estado en la mira de organizaciones activistas y de conservación alrededor de todo el mundo por su participación en el mercado del atún rojo del Atlántico (Thunus thynnus). Esta es una especie en grave peligro de extinción, debido, en gran parte, a la sobrepesca a la que se ha sometido a sus poblaciones. Se estima que, en las últimas décadas, su número podría haber descendido hasta un 97% con respecto a sus niveles históricos.

Mientras organismos como la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza aconsejan suspender toda presión pesquera sobre las especies de atún en peligro, el atún rojo es altamente valorado por el mercado: en 2019, un ejemplar fue vendido en el mercado de Tokio por la cifra récord de 3 millones de dólares. La popularidad de esta especie en Japón empezó a crecer en 1970 y aumentó hasta convertir al país en el líder de la demanda global de importación.

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MITSUBISHI Y LA INDUSTRIA PESQUERA

En 2009, el documental At the End of the Line denunció que Mitsubishi no estaba respetando las cuotas de pesca establecidas por la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico. En el mismo, el ex-pescador Roberto Mielgo afirmó que la corporación se prepara para la inminente extinción de la especie congelando toneladas de individuos. De esta manera, según Mielgo, Mitsubishi aseguraría un aumento en sus ganancias al mantener su provisión de una especie que podría estar extinta en un futuro cercano.

Si bien Mitsubishi negó esta acusación, admitió estar congelando ejemplares de atún rojo, alegando que se trata de una medida que busca compensar las faltas durante la temporada baja de pesca.

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MITSUBISHI Y LA SALMONICULTURA

En su sitio web, Mitsubishi afirma estar “comprometida con la industria pesquera sostenible”, y por eso, dicen, han invertido en la industria de la salmonicultura o “granjas de salmón” en aguas marinas. En teoría, esta técnica de producción debería aliviar la presión pesquera sobre las poblaciones silvestres amenazadas; en la práctica, sin embargo, es cada vez mayor la evidencia de los impactos ambientales negativos de la industria, que van desde distintos tipos de contaminación hasta la introducción de especies exóticas.

Mitsubishi ingresó a este negocio en 2011, al adquirir la empresa chilena Salmones Humboldt, que luego fusionó con Cermaq, de Noruega. La compañía opera en países como Chile y Canadá, y ha sido protagonista de numerosas controversias: en 2019, fue noticia debido a sus operaciones en Clayoquot Sound, una Reserva de Biosfera en aguas canadienses, donde activistas de la organización Sea Shepherd documentaron la muerte de más de 1000.000 salmones, evento que resultó altamente contaminante para el ecosistema local.

Este tipo de incidentes no es extraño dentro de la industria, y también han tenido lugar en la región latinoamericana: en julio de 2018, casi 700.000 salmones tratados con antibióticos nocivos para el humano escaparon de una granja de la empresa Marine Harvest, en Chile, y, en mayo del 2021, casi seis toneladas de peces murieron como consecuencia de una floración de aguas tóxicas atribuida, entre otros factores, a la propia contaminación de la industria. Meses después, Argentina se convertiría en el primer país del mundo en prohibir la salmonicultura en sus aguas.

Ya sea que se trate del atún del Atlántico o a los salmones de las granjas de cultivo, lo cierto es que, hoy, los ecosistemas marinos enfrentan numerosas amenazas vinculadas a la industria pesquera. Y, si bien es fundamental la adopción de nuevos hábitos de consumo individuales que se adecuen a la necesidad de un modelo sustentable y amigable con el ambiente, resulta evidente el rol de grandes empresas como Mitsubishi cuando nos referimos a impactos negativos para los océanos.

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