1. Respetar nuestra faceta animal.


Cualquier organismo biológico responde al entorno para adaptarse a él. Por ejemplo, la gacela que está comiendo junto a otras gacelas en medio de la sabana, responde al estrés que le supone detectar un león que se acerca. En su huida aumenta su frecuencia cardíaca, su capacidad respiratoria, sus pupilas se dilatan, aumenta el número de linfocitos (células de defensa), etc. Y cuando ha despistado al león recupera los valores normales de su organismo.

En muchas ocasiones, los seres humanos después de una experiencia estresante, nos quedamos pensando, “casi me alcanza”; o seguimos corriendo “por si acaso”, o cualquier otra opción que nos siga conectando con lo vivido. Al mantener el pensamiento en la experiencia nuestro organismo sigue dando una respuesta fisiológica como si aún estuviéramos en la situación de estrésTomar conciencia del origen de nuestra respuesta es el primer paso para que nuestro cuerpo pueda recuperar equilibrio. Dejar ir aquello que exigió de nosotros el estrés es tan importante como no recrear dicha situación futura es igual de importante. El estrés sólo tiene utilidad biológica desde un lugar, el ahora.

2. Observarnos.

Para respetar el primer punto debemos comprender que para el inconsciente lo real y simbólico es lo mismo. Las personas podemos dar una respuesta de estrés fisiológico sólo con imaginar una situación. Por ejemplo, si nuestro hijo adolescente ha salido por la noche y ha dicho que llegaría a las 2 de la madrugada y son las 4 y no llega, no contesta al móvil y su última conexión fue hace más de tres horas, empezamos a tener la misma respuesta que la gacela frente al león. 

Observar nuestros pensamientos, es decir, nuestra interpretación de aquello que pasa, es fundamental para comprender que somos partícipes de nuestra ansiedad. Al creer que nuestros pensamientos catastróficos son verdad nuestro cuerpo se activa para salvarnos. Por eso cuando tenemos ansiedad lo primero que podemos hacer es observar qué nos estamos diciendo y explorar si eso que nos decimos ya nos lo hemos dicho anteriormente. Observar el bucle comunicativo sin participar de él, como quien observa una conversación de dos extraños. Escucharlos sin creer su contenido, observar qué podemos identificar de nosotros en ese discurso.

3. Aumentar la conciencia.

En la realidad que vivimos se manifiesta constantemente la información que llevamos dentro. Si nos produce estrés o ansiedad es porque ya nuestros ancestros vivieron situaciones por las cuales su organismo necesitó ese estado de emergencia para adaptarse. Sin embargo, nosotros vivimos a misma reacción sin estar en situación de supervivencia. Nuestra respuesta se corresponde a la misma emoción que ellos vivieron aunque el escenario sea completamente distinto. No es una respuesta inadecuada, es una respuesta descontextualizada. Esto podemos observarlo sobre todo en aquellas situaciones donde nos estresamos de forma aparentemente desproporcionada.

Por ejemplo: Nuestra pareja hace un viaje solo y no podemos evitar pensar que está en peligro nuestra relación, necesitamos que vuelva, pensamos que puede pasarle algo o irse con otra persona. En este caso sería interesante observar las relaciones de nuestros antepasados, qué sucedió relacionado simbólicamente con esta situación. Podría ser que el abuelo fue a la guerra y no volvió, que se fue con su amante y dejó sola a la abuela con sus hijos, etc...

El estrés que sientes ¿en qué momento de la historia de tu familia pudo haber resultado útil? Tras tomar conciencia pregúntate, ¿te es útil a ti hoy en día?. Utiliza las ventajas que te aporta y desecha con amor lo demás. Nuestro diálogo interno está en sintonía con nuestro estado de salud. Lo que constantemente nos decimos tiene que ver con nuestras creencias y nuestros valores que son los mismos que los de nuestra familia. La Bioneuroemoción es un método para el desarrollo de la conciencia de unidad. Conocer la información que condiciona nuestra vida y que nos une a las personas de nuestro entorno y a nuestros ancestros nos da paz. Y esa paz, es el punto de partida para una mejor gestión de la ansiedad y el estrés. 



“La intensidad de la angustia es proporcional al significado que la situación tenga para la persona afectada; Aunque ella ignore esencialmente las razones de su ansiedad.”

Karen Horney.