Belice, hogar de la segunda barrera de coral más grande del mundo, después de Australia, está experimentando un cambio importante en la forma en que los turistas interactúan con la vida marina en sus aguas cristalinas. Durante décadas, la práctica de alimentar a los tiburones y otras criaturas marinas para tomar fotografías se convirtió en una atracción turística común, pero ahora, los visitantes y operadores turísticos conscientes están haciendo un llamado al cambio.

El paradisíaco archipiélago beliceño, con su famosa barrera de coral, ha sido un destino turístico destacado, con lugares como Hol Chan, una reserva marina de ocho kilómetros cuadrados, que ha estado protegida durante 36 años. Estas áreas protegidas han contribuido a preservar la biodiversidad y la salud del ecosistema marino. Sin embargo, la creciente afluencia de turistas ha traído consigo un nuevo desafío: la alimentación de animales marinos con fines turísticos.

Operadores turísticos, como Amado Watson, están liderando el cambio en la mentalidad turística. Watson, en su papel de defensor del medio ambiente, aboga por no alimentar a los animales salvajes para tomar fotos. Su mensaje es simple pero poderoso: "Por favor, no alimenten a los animales salvajes, dejen de darle pan a los tiburones para la foto". Carteles pintados a mano en su tienda respaldan su causa, promoviendo tours amigables con los corales y enfatizando que no alimentan a los animales marinos.

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Los turistas, a menudo sin darse cuenta del daño que causan, han contribuido a una práctica conocida como "acondicionamiento". Esto ocurre cuando los animales marinos asocian a los humanos con la comida y se acercan en lugar de mantener su distancia natural. Esto perturba su comportamiento natural y los hace más vulnerables a los depredadores.

Además, la alimentación de animales marinos altera los patrones de alimentación y migración de la vida marina, y aumenta los niveles de nutrientes en el agua, lo que daña los corales. Esta práctica también conlleva riesgos para los humanos, ya que los animales pueden no distinguir entre la comida y el cuerpo humano.

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A pesar de la prevalencia de esta práctica en la región, Amado Watson y otros operadores turísticos conscientes están tratando de educar a los visitantes sobre los impactos negativos. A medida que las regulaciones se vuelven más estrictas, la esperanza es que los turistas opten por apreciar la belleza de la vida marina en su entorno natural en lugar de buscar una instantánea para las redes sociales.

El mensaje es claro: la vida marina de Belice merece ser protegida, y los turistas pueden desempeñar un papel crucial en garantizar un futuro sostenible para este frágil ecosistema marino.

Fuente: El país