Muchas veces se habla del ego de manera despectiva. Incluso otras consideraciones hablan de la existencia de un “ego bueno” y un “ego malo”. No existe tal cosa como bueno y malo, en todo caso son manifestaciones de distintas polaridades.

El ego es, en esencia, el yo que da el sentido de identidad a cada persona. Esto significa que el ego es la parte central de la consciencia humana encargada de dar el sentido de "sí mismo". En los ámbitos de la psicología y filosofía, también se suele designar como ego a la consciencia del individuo para percibir la realidad.

Sin embargo, en el hablar cotidiano, “ego” puede interpretarse como el exceso de valoración que alguien tiene de sí mismo, llegando a catalogarlo como soberbio, ególatra y narcisista.

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bueno malo

El ego “malo”

El llamado “ego malo” es una forma de indicar que la persona es egocéntrica y que todo el mundo da vueltas alrededor suyo. Desde esta perspectiva, los demás, el entorno y la interacción son apenas satélites que giran sobre el eje de esa persona. Además, pueden aparecer los rasgos del egoísmo -querer todo para su propio beneficio, aunque el otro pierda-, y el narcisismo, la tendencia a vanagloriarse de sí mismo y sentirse superior a los otros.

Cuando una persona asume que es más importante que otras, este comportamiento se vuelve adictivo. Empieza a perder perspectiva de sí y de los demás, hay un distanciamiento producido por querer demostrar qué tan valioso se es, afirmar que siempre tiene razón, y también que los demás lo validen.

Como puedes imaginar, esta posición suele aparecer en personas que, en el fondo, son sumamente inseguras, con heridas emocionales aún no sanadas, y es por eso que quieren demostrarse y demostrar a los demás que, en apariencia, son más grandes, inteligentes, adinerados, creativos o superiores. Por eso hablan siempre de ellos, desprecian a los demás -excepto a los que pueden utilizar a sus fines-, y desaparece un rasgo fundamental de las habilidades sociales y emocionales: la empatía.

Si bien una persona con “ego malo” muy exacerbado es difícil de tolerar y digerir por sus actitudes despectivas y por considerar a los demás como inferiores, esto no significa que todas sean “personas malas”.

Lo que aún no se animan a revelar ante sus ojos es su inseguridad profunda que los lleva a querer ser el centro de atención cueste lo que cueste. Por eso aparecen comportamientos como los celos, la envidia, el anhelo de posesión y de control sobre los demás.

Cuando alguien así se enfrenta al espejo y se mira, posiblemente sólo vea espíritu alto, valor, coraje, determinación, prestancia, entre otros atributos considerados positivos. Y lo que también ve es “ego bajo”, es decir que no puede reconocer su alto nivel de egocentrismo, y mucho menos, el “ego malo”.

Aquí aparece un rasgo interesante: para poder apreciarse como realmente es, será necesario subir ese escalón del ego bajo para empezar a reconstruir su auto estima, el amor propio y una auto regulación de la inteligencia emocional.

Al principio es un shock, ya que allí descubren cuan infelices han sido aparentando durante años en esas imposturas, y cuánto podrían haber dañado a su entorno.

chica con narcisismo

El “ego bueno”

En muchas corrientes se habla de eliminar al ego o aniquilarlo, como si fuese un enemigo que combatir. Entiendo que lo que simbolizan con estas expresiones es la necesidad de equilibrar el ego, aprender a convivir con esta parte indisoluble de nuestro ser, y saber que a veces son sólo los rasgos de la personalidad los que se manifiestan en forma constructiva o no.

El ego forma parte de la estructura psíquica interna, así que no es posible “extirparlo” como si fuese un órgano; sí, aprender a convivir, gestionarlo y modificar aspectos a través de la conducta y los hábitos.

Aquí aparece el llamado “ego bueno”, aquel que eleva, motiva, impulsa y que de alguna forma permite expandir el potencial de una persona. Su base y clave es la humildad (el mismo aspecto a trabajar con aquellos narcisistas de los que hablábamos más arriba).

Por ejemplo, una persona que logra ser empática, que se conecta con los demás, logra percibir lo que los demás sienten y viven; que interpreta la realidad pudiendo integrar distintas miradas por más que sean opuestas a las propias, y es capaz de hacer introspección y refrenar impulsos que sabe que no son para construir sino para potencialmente destruir o menoscabar a otros, se podría decir que tiene un ego equilibrado.

El ego bueno se cultiva a través del auto conocimiento, que es el pilar fundamental del auto liderazgo: tomar las riendas de tu vida. Es posible que no siempre se pueda actuar de esta manera, aunque sí se logra tener consciencia al instante de cuándo el ego se está desbocando y necesita ser resguardado.

Cómo elaborar el ego

Para elaborar una mejor relación interna con tu ego, y reconducir tu vida paulatinamente a un mayor nivel de libertad y bienestar, quizás puedas considerar estos tres pasos con su guía práctica de herramientas:

1. Reconocer

La base está en reconocer la adicción al ego y a todos sus condicionamientos que, de tan repetidos, los has internalizado en forma inconsciente. Es la etapa donde empiezas a reconocer que tienes muchas máscaras que te pones para evitar sufrir, o querer sentirte mejor, aunque eso sea incómodo. Parece un contrasentido, aunque no lo es.

personalidad

Herramientas: Una forma de darte cuenta y hacer un “insight” (mirar dentro tuyo) es tomar un tiempo para analizar tu nivel de bienestar interior en cada ámbito estratégico de tu vida: relaciones, productividad, trabajo, proyectos, amigos, salud, dinero para sustentar tu vida, ocio, y los que quieras agregar.

Verifica a qué ámbitos entregas la mayor parte de tu tiempo y energía. Otra forma de chequear es observar y tomar consciencia acerca de los niveles de drama que le pones a las situaciones de la vida: cuáles te domina, te sacan de ti hasta el punto de despersonalizarte. Habrá información muy valiosa si eres honesto y profundo.

Recuerda: La dimensión de tu drama personal es proporcional al tamaño de tu ego.

2. Despertar

Tiene que ver con darte cuenta de que quizás no has estado viviendo tu vida; tal vez pensabas que sí lo hacías; aunque probablemente la conclusión sea que has seguido la corriente de lo que has aprendido del entorno, por cuanto no te has podido hacer responsable al ciento por ciento de todos los acontecimientos de tu vida: siempre ha habido algún chivo expiatorio.

El despertar implica tomar consciencia de quién eres, sin tanto ornamento ni posesiones, ni siquiera seguridad permanente -de esa que en occidente es tan valorada-. Las máscaras empiezan a caer. Es un momento íntimo que incluye una gran vulnerabilidad. La sensación es como estar desnudo frente a tu “Yo soy” auténtico. Sería natural que te produzca cierto temor inicial; una vez vencida esa barrera, empezarás a asumir un nuevo “yo” interno, más conectado, consciente y desapegado a la aprobación externa.

Herramientas: Algunos de los caminos que te ayudarán en este despertar son la meditación, el yoga, el coaching, el mindfulness, una psicoterapia de avanzada, lecturas positivas y constructivas, caminos de autoconocimiento variados y una profunda determinación en conocerte mejor y practicar.

yoga

3. Avanzar

Una vez que hayas despertado, el avance estará minado de interrupciones del ego. Es su naturaleza desbocada y prepotente, adolescente de las peores formas, hará las mil y una para que vuelvas hacia atrás. El resultado en el tiempo depende directamente de tu determinación, consciencia y observación en presente, vigilancia eterna y coherencia vital.

Es probable que tengas retrocesos y avances. Incluso cuando des pasos hacia adelante, el ego mismo intentará embaucarte dándote el mensaje de que “ya llegaste… ahora volvamos a ser amigos como antes…”: ese es su juego. La clave está en persistir y seguir en tu camino personal.

Herramienta: práctica permanente, vigilancia eterna. Escuchar tu voz interna. Prestar atención a los juegos de tu mente y a los modelos mentales porque allí puede estar el ego expresándose.