El ansia infinita de descubrimiento de los intrépidos viajeros del planeta se extiende por todos los rincones del globo, siendo una ardua tarea encontrar regiones que aún no hayan sido demasiado exploradas. Dentro de este reducido y selecto grupo de espacios misteriosos situamos a nuestro protagonista del día.

La República Cooperativa de Guyana es un país del norte de América del Sur, que limita al este con Surinam, al sur y suroeste con Brasil y al oeste con Venezuela. Su idioma oficial es el inglés dado que fue una colonia británica hasta 1966, aunque el español es ampliamente hablado por su población.

Es significativo esclarecer que gran parte de su territorio es reclamado por sus vecinos: Venezuela demanda el 75% del estado, concretamente el área conocida como la Guayana Esequiba, ya que previamente formó parte de las posesiones españolas; por su parte Surinam reivindica la región del Tigri, al sureste del país, que compone un 7% del mismo. Por supuesto, los locales se niegan a desprenderse de estos departamentos, menos aún a sabiendas del patrimonio que revelaremos más adelante.

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Bañada por el Océano Atlántico se encuentra su capital, Georgetown, que mezcla notas coloniales y caribeñas. En esta urbe fuera de lo convencional destaca la impresionante catedral anglicana de St. George, que posee el título de la iglesia más alta construida enteramente de madera del mundo (43.5 metros).

También es digno de mención el Mercado Stabroek, edificio de hierro y acero de color rojizo y blanco con un llamativo reloj en su torre, el cual se remonta a la etapa colonial holandesa y es probablemente el lugar con mayor ajetreo de la ciudad. Será interesante dejarnos sorprender por su rica gastronomía que combina sabores caribeños, africanos, indios y británicos, su agitada vida nocturna y el alegre carácter de sus gentes.

Al alejarnos de Georgetown es cuando comenzaremos la auténtica aventura. Las comunidades amerindias nativas viven en parajes amazónicos vírgenes, donde la fauna y la flora evolucionan sin límites marcados por el ser humano. Tanto la selva tropical como extraordinarios saltos de agua nos dejarán perplejos según avanzamos en nuestra travesía.

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Quizás su recurso más increíble son las Cataratas Kaieteur del Río Potaro. La oportunidad de contemplar en el corazón de la jungla una caída de agua de 226 metros es una experiencia de esas que marcan de por vida. Aquí la biosfera nos muestra su lado más salvaje y bello. Las Cascadas Urenduíque, en el curso del río Ireng y en la frontera entre Guyana y Brasil, son otro regalo del ecosistema y un lugar ideal para zambullirse, ya que forman varias piscinas naturales a su paso por la Sierra de Pacaraima.

La Sabana de Rupununi es el hogar de animales y plantas de la más diversa índole. Sus extensas llanuras y campiñas de tonalidades tostadas salpicadas por árboles y matorrales son atravesadas por ríos cubiertos de tremendos nenúfares, que comparten su hábitat con caimanes negros y jaguares, los cuales son vigilados por águilas arpías desde las alturas.

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Su litoral posee algunas de las playas más vírgenes del continente, pudiendo destacar la maravillosa “Shell Beach”. Se trata de un largo arenal de unos 140 kilómetros dividido en 9 secciones, la gran mayoría deshabitados, por lo que el acceso es ya de por sí una intensa aventura. Desde marzo hasta agosto cuatro especies de tortugas, las cuales son muy vulnerables o están en peligro de extinción, acuden a la cita para poner sus huevos y por ello es la mejor época para vuestra visita.

Es de vital importancia disfrutar de este obsequio de la naturaleza sin interferir lo más mínimo en este frágil acontecimiento.

Todos estos sugerentes motivos para adentrarnos en este entorno único caminan de la mano de la inestabilidad política y la tensión entre las distintas comunidades residentes, que han marcado la historia del país.

Sin embargo, los relativamente recientes descubrimientos de yacimientos petroleros auguran cambios notables. ¿Serán los políticos capaces de gestionar correctamente esta fuente de ingresos y dar un vuelco al rumbo de Guyana? O por lo contrario, ¿este hecho marcará un mayor desequilibrio social por el interés que conlleva la explotación de recursos con grandes rendimientos financieros?

“Until the lion learns how to write, every story will glorify the hunter”.

Proverbio